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Urgente mensaje

Urgente Mensaje del Dr. Vernon Coleman que pronostica que para otoño empezarán a morir todos los vacunados y anuncia un genocidio general para la mayoría de la población, también para los no vacunados, por las mutaciones víricas que la vacuna ocasionará.
Dr. Coleman : Las vacunas contra la Covid-19 son armas de destrucción masiva y podrían acabar con la raza humana. “Cada individuo vacunado tiene el potencial de convertirse en un asesino en masa porque sus cuerpos se están convirtiendo en laboratorios que producen virus letales. Y peor aún, algunos de los individuos vacunados pueden convertirse en portadores, propagando virus letales a su alrededor.”
“Este problema acaba de ser esbozado por el Dr. Geert Vanden Bossche, un eminente especialista en vacunas”.
EL PRINCIPAL CIENTÍFICO DE VACUNAS ADVIERTE AL MUNDO: DETENGA TODAS LAS VACUNAS CONTRA EL COVID-19 DE INMEDIATO, O SE DESATARÁ UN “MONSTRUO INCONTROLABLE”
“Existe un riesgo real de que en lugar de matar al 90% -95%, como la élite malvada originalmente deseaba, podrían matar a todos por error; podrían aniquilar a la humanidad.”
“Tenemos muy poco tiempo para salvarnos. Tenemos que reforzar nuestro sistema inmunológico e, irónicamente, es posible que necesitemos mantenernos alejados de las personas que han sido vacunadas.” “Envíen este artículo a los médicos y a los periodistas, a los amigos y a los parientes. Tal vez podamos persuadir a las personas en el poder de que no son inmunes al desastre que se avecina.”, Dr. Vernon Coleman.


https://www.vernoncoleman.com/humanrace.htmhttps://vernoncoleman.org/videos/covid-19-vaccines-are-weapons-mass-destruction-and-could-wipe-out-human-race.
https://t.me/estructurascolapsando/8799


Ayer conocí el origen de una canción, me conmovió, y la comparto contigo.

El compositor mexicano, Martín Valverde dice que “el amor de Dios no se entiende, se acepta; no se gana, se recibe; no es un premio, es un regalo”. Cuenta que en 1990 estaba en Chihuahua, una cena–concierto, donde iba a cantar, hizo silencio, como siempre lo hace, y no sabe cuánto tiempo pasó. Cuando abrió los ojos vio a cuatro meseros de rodillas, conmovidos. Jesús le dijo: “Diles que les amo. Y él pensó, “dilo tú”. Algo pasó pero él no lo supo. Después, en casa de un amigo, éste le puso lo que filmó. Él le dijo: haz pausa y empezó a tomar nota de lo que escuchaba. De allí nació la canción: “Nadie te ama como Yo”. Dice que no es una canción de amor, es el amor que se hace canción. El amor echa fuera el miedo, donde hay amor no hay miedo.

Habla con Dios

El compositor mexicano, Martín Valverde dice que “el amor de Dios no se entiende, se acepta; no se gana, se recibe; no es un premio, es un regalo”. Cuenta que en 1990 estaba en Chihuahua, una cena–concierto, donde iba a cantar, hizo silencio, como siempre lo hace, y no sabe cuánto tiempo pasó. Cuando abrió los ojos vio a cuatro meseros de rodillas, conmovidos. Jesús le dijo: “Diles que les amo. Y él pensó, “dilo tú”. Algo pasó pero él no lo

 supo. Después, en casa de un amigo, éste le puso lo que filmó. Él le dijo: haz pausa y empezó a tomar nota de lo que escuchaba. De allí nació la canción: “Nadie te ama como Yo”.

Ana Catarina Emmerick escribe que ve salir, de la boca del que reza, una línea de palabras que, como un rayo de luz, llega hasta el trono de Dios.

Dice un adagio: “Mostrándome cómo rezas, aprenderé a descubrir el Dios que vives y mostrándome como vives, aprenderé a rezar al Dios al que rezas”.

El Papa Benedicto XVI dice que la oración es la relación viviente y personal con el Dios vivo y verdadero. Una relación viviente es que oigo lo que me dice, me mueve, me pacífica. También se puede cantar en la oración, para despertar afectos.

Rezar significa, purificar el propio corazón, para que el otro verdaderamente pueda tener sitio dentro de él. Si tengo prejuicios o recelos, cualquiera que entre en ese recinto recibirá un golpe rudo. Tenemos que crear un lugar para los demás en nuestro interior. Tenemos que ofrecerles nuestro corazón como lugar hospitalario, donde puedan encontrar mucho respeto y comprensión.

Eugenio Boylan explica: La santidad no es tanto una cuestión de desarrollo y perfeccionamiento de nosotros mismos, como de negación del yo y de sustitución de ese yo por el de Cristo, de abandono en la providencia, de escucha constante de la voz del Espíritu.

En Las Moradas, Santa Teresa explica que para entrar al castillo hay que hacer oración. Escribe: “La que no advierte con quien habla y lo que pide y quién es quien pide y a quién, no lo llamo yo oración aunque mucho menee los labios… Quien tuviese de costumbre hablar con la Majestad de Dios como hablaría con su esclavo, que ni mira si dice mal, sino lo que se le viene a la boca…, no la tengo por oración” (1,7), y así dice que no hay que caer en semejante bestialidad.

Dios quiere que hablemos con él como se habla con el mejor amigo, con un padre o con quien nos quiere bien. Quiere que le contemos lo que nos alegra y lo que nos pesa, lo que deseamos y lo que nos preocupa. También quiere que le pidamos con insistencia pero sabiendo que no siempre pedimos lo que nos conviene. Muchos santos han hablado de la importancia de hacer oración. Así, San Gregorio escribió: Rezando alcanzan los hombres las gracias que Dios determinó concederles antes de todos los siglos. San Buenaventura afirma que tiene el Señor por traidor a aquel que al verse sitiado de tentaciones no acude a Él en demanda de socorro, pues deseando está y esperando que se le pida para volar en su auxilio.

Santa Catalina de Siena dejó escrito: El alma que persevera en la oración humilde alcanza todas las virtudes.

Más que éxtasis o arrobamientos, hay que pedirle al Señor que nos libre del amor propio desordenado, del egoísmo y de la soberbia, en suma, que nos libre de nosotros mismos y de lo que nos impide llegar al cielo.

En el Libro de las Sentencias, Isidoro de Sevilla dice: “La oración nos purifica, la lectura nos instruye. Usemos una y otra, si es posible, porque las dos son cosas buenas. Pero, si no fuera posible, es mejor rezar que leer”. “Cuando rezamos, hablamos con el mismo Dios; en cambio, cuando leemos, es Dios el que nos habla a nosotros. Todo progreso (en la vida espiritual) procede de la lectura y de la meditación. Con la lectura aprendemos lo que no sabemos, con la meditación conservamos en la memoria lo que hemos aprendido” (3,8-9).

Al Señor le gusta que le dediquemos tiempo en exclusiva, que le contemos nuestras cosas, alegrías y tristezas, ambiciones nobles y acciones de la vida cotidiana; es decir, que hagamos oración mental.Cada uno ha de concretar el tiempo que dedicará a la oración mental. Este tiempo de oración –no menos de un cuarto de hora – ha de ser el necesario para mantener el espíritu de contemplación.

En el Libro de las Sentencias, Isidoro de Sevilla nos enseña que “la oración nos purifica, la lectura nos instruye. Usemos una y otra, si es posible, porque las dos son cosas buenas. Pero, si no fuera posible, es mejor rezar que leer”. “Cuando rezamos, hablamos con el mismo Dios; en cambio, cuando leemos, es Dios el que nos habla a nosotros. Todo progreso (en la vida espiritual) procede de la lectura y de la meditación. Con la lectura aprendemos lo que no sabemos, con la meditación conservamos en la memoria lo que hemos aprendido” (3,8-9).

San Agustín afirma que Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Dios. Por eso es bueno luchar por ser personas que contemplan a Dios en la creación entera. Pero ¿qué es la oración de contemplación?… La contemplación es una mirada de amor. Es presencia de Dios. Es la acción de considerar atentamente, con la mirada o con el espíritu. Requiere del concurso de la inteligencia y de la voluntad. “El estado contemplativo es simplemente la perfección de la caridad operada por el Espíritu mediante el don de la sabiduría” (Carlo Caffarra).

Ricardo Sada


Dios es para el hombre el único Señor. Lo ha creado y lo cuida constantemente con su Providencia amorosa. La existencia de la criatura y todo cuanto es o posee, lo ha recibido de Él. Por consecuencia, el hombre mantiene con Dios unos lazos y obligaciones en cuanto Creador y Ser Supremo: es el culto que debe rendírsele y que se vive con la virtud de la religión.

Alabar y adorar a Dios es lo que se conoce como culto. Esa necesidad ha sido sentida desde los hombres más primitivos hasta los de más elevada inteligencia, que se rinden sumisos al descubrir a Dios en su ciencia. En cualquier caso, el culto dado a Dios se realiza de un modo adecuado a la naturaleza del hombre, a un tiempo material y espiritual. Ya en el siglo XVII la Iglesia consideró como herética la proposición de Miguel de Molinos, a quien parecía imperfecto e indigno de Dios todo rito sensible, queriendo reducirlo a lo interno y espiritual. En las facultades del entendimiento y la voluntad es donde, ciertamente, se debe fundamentar el culto, pero no basta: se precisan también actos externos de adoración: arrodillarse ante el Sagrario, participar activamente en la Santa Misa, asistir con piedad a las ceremonias litúrgicas….. pues el hombre no es sólo espíritu, y Dios es también creador del cuerpo.

En la práctica el culto se concreta en tener prontitud y generosidad ante todo lo referente a Dios. Y llega hasta el detalle de mostrar la reverencia debida a los objetos religiosos que usemos corrientemente: colocar el crucifijo en el sitio de honor de la habitación, guardar el agua bendita en un recipiente limpio, tratar con reverencia el libro de los Evangelios y el rosario, permanecer atento y con una postura digna dentro del Templo, especialmente en las bodas y otras ceremonias, donde es fácil que el gusto de saludar a los viejos amigos nos lleve a convertir el recinto sagrado en la antesala del salón de fiestas. Todos estos detalles de reverencia son parte del primer mandamiento, pues con ellos manifestamos nuestra fe de modo exterior.

¿No pasas nunca debajo de una escalera? ¿Llevas un amuleto colgado del cuello? ¿Evitas que haya trece comensales en la mesa? ¿Intentas tocar la madera cuando ocurre algo que “da” mala suerte? ¿Te sientes influido en tu estado de ánimo porque el horóscopo que leíste hoy no te era favorable? Si puedes responder “no” a estas preguntas, ni te inquietan otras tantas supersticiones populares, entonces puedes estar seguro de ser una persona bien equilibrada, con la fe y la razón en firme control de tus sugestiones.

En nuestra sociedad “tecnificada”, la falta de fe lleva a que cada vez haya más supersticiosos. La superstición es un pecado contra el primer mandamiento porque atribuye a personas o cosas creadas unos poderes que sólo pertenecen a Dios. La omnipotencia que sólo a Él pertenece se atribuye falsamente a una de sus criaturas. Todo lo que ocurre nos viene de Dios; no del colmillo de un tiburón o las consejas de un curandero. Nada malo sucede si Dios no lo permite, y todo lo que ocurre en nuestra vida o en la ajena es para bien, para que aquello de algún modo contribuya a nuestra santificación o a la del prójimo.

Del mismo modo, solamente Dios conoce de modo absoluto los acontecimientos futuros, sin “quizás” ni probabilidades. Todos somos capaces de predecir hechos que seguirán a determinadas causas. Sabemos a qué hora llegaremos mañana a la oficina (si nos levantamos a tiempo); sabemos qué haremos el fin de semana próxima (siempre y cuando no haya imprevistos); los astrónomos pueden predecir la hora exacta en que saldrá y se pondrá el sol el 15 de febrero del año 2019 (si el mundo no acaba antes). Pero no sabemos qué día moriremos ni quién será el presidente de la república dentro de veinte años. Dios conoce todo, tanto los eventos posibles como el feliz desarrollo de acontecimientos necesarios.

De ahí que creer en adivinos o espiritistas sea un pecado contra la fe que Dios ha querido que tengamos en Él y en su providencia. El supersticioso es un crédulo que funda su fe en motivos al margen del plan de Dios. Los adivinos son hábiles charlatanes que combinan la ley de las probabilidades con el manejo de la psicología y la autosugestión del cliente, y llegan a convencer incluso a personas inteligentes y cultas.

En sí misma, la superstición es pecado mortal. Sin embargo, muchos de estos pecados son veniales por carecer de plena deliberación, especialmente en los casos de arraigadas supersticiones populares: números de mala suerte y días afortunados, tocar madera y cosas por el estilo. Pero si se hace con plena deliberación y deseo, acudir a esos adivinos, curanderos o espiritistas, el pecado es mortal. Aun cuando no se crea en ellos, es pecado consultarlos profesionalmente. Incluso si lo que nos mueve es sólo la curiosidad, es ilícito, porque damos mal ejemplo y cooperamos al pecado ajeno. Decir la buenaventura echando las cartas o leer la palma de la mano en una fiesta, cuando todo el mundo sabe que es juego para divertirse que nadie toma en serio, no es pecado. Pero una cosa bien distinta es consultar en serio a adivinos profesionales.

Sobre este tema, la aparición de acontecimientos por encima de lo ordinario no puede ser debida sino al demonio. De ahí que la gravedad de la superstición se mide por la mayor o menor intervención del temible enemigo del hombre. Cuando hay invocación explícita del demonio, el pecado es gravísimo. Si es implícita -por ejemplo, el que inconscientemente lo relaciona con fuerzas ocultas- el pecado también es mortal.

De algún modo puede haber invocación implícita al demonio en las películas, obras teatrales, etcétera, que imprudentemente hacen aparecer intervenciones satánicas, para infundir terror, manifestar prodigios… a nuestro “hombre adulto” cada vez más deseoso de descargas de adrenalina. Hay invocación explícita -confirmada y aceptada por los mismos autores- en la letra de las canciones de ciertos grupos musicales modernos. En ambos casos -visuales o auditivos- existe la obligación grave de no formar parte como espectador o como escucha.

www.encuentra.com

¿Cómo vivimos el Primer Mandamiento?
Nuestra fe y amor a Dios crece si recibimos debidamente dispuestos los sacramentos, nos esforzamos por ser almas de oración y llevamos una vida coherente entre la fe y las obras.

Poesía

Yo, ¿para qué nací? Para salvarme.

Que tengo que morir, es infalible.

Dejar de ver a Dios y condenarme,

triste cosa sería, pero posible.

¡Posible! ¿y río, y duermo y quiero holgarme?

¡Posible! ¿Y tengo amor a lo visible?

¿Qué hago?, ¿en qué me ocupo?, ¿en qué me encanto?

Loco debo ser, pues no soy santo.

Pedro de los Reyes, OFM (siglo XVI)

Conspiración y co-vid. Dra. Chinda Brandolino   https://youtu.be/MOc5aqaQweE

Es un virus modificado genéticamente. Tiene cuatro inserciones o injertos de Laboratorio, una de ellas del SARS.

Modelo de 26 años, Pietro Ditano, se convierte https://youtu.be/PWAX4zBn3J4

MATERMUNDI.TV

VIENE EL TIEMPO DE ARRODILLARNOS, CADA UNO A LA HORA QUE PUEDA Y ADONDE SE ENCUENTRE.  

LA MADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, en su última aparición, dijo que DIOS no tenía más MISERICORDIA para  esta cruel humanidad y un mundo muy pervertido y no creímos, la pandemia sigue fuerte, cobrando vidas pues las nuevas cepas son  mortales.                                   

Hoy todo el planeta Rezará la misma Oración para que el Covid pierda fuerza. No hay un tiempo establecido, pero habrá 24 horas de oraciones que se convertirán en 48 horas debido a las zonas horarias. Rezas y luego envías el mensaje a otros (al menos a una persona) para que todos continuemos en la Oración por toda la Humanidad. *_Oremos juntos. Gracias por fortaleceme, Señor, Gracias por Venir conmigo Señor, Gracias por Protegerme Señor, Gracias por cubrirme con tu Preciosa Sangre, Señor._
_*JESUS* eres mi roca, mi escudo, mi fuerza, te amo, te necesito, gracias por protegerme del virus que amenaza la vida humana, gracias por proteger a mis seres queridos, gracias por proteger a toda la humanidad y traer salud a todos los que han enfermado._
_*SEÑOR JESÚS*, unidos como hermanos, Te rogamos, que a través de tu infinita misericordia no permitas que el COVID-19 entre a nosotros ni a nuestros hogares._
_*Gracias SEÑOR* por Colocar a tus Ángeles alrededor de cada casa, donde la familia que reza en tu santo nombre se refugie en tu palabra que se hace viva._
*_Oremos juntos:_*
*Salmo 91, versículos 10 y 11*_ “No te pasará ningún daño, y ninguna desgracia llegará a tu hogar. Porque él dará órdenes a sus ángeles sobre ti, para que te protejan en todos tus caminos “.              ¡Amén!__                                                                        _*Padre Nuestro* que estas en el cielo, Santificado sea tu nombre. Venga a nosotros tu reino. Hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día. Perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden y no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria para siempre ¡Amén!_
_*Te doy gracias, Señor,* Por mi salud, Por mi familia, Por tener un techo en donde descansar. Y sobre todo, por un día más de vida con la gente que tanto quiero_”
_*Bendito Señor* Gracias por proteger a mi familia, amigos, vecinos y seres queridos y a toda la gente que aún no conozco, porque todos te necesitamos_
*Gracias por Bendecir Señor* a todos y báñanos de tu bendita Misericordia, que es grande e Infinita._
_*Gracias* por Perdonar a los que no creen en ti y se burlan de tu palabra._
_*No permitas Señor,* que la muerte por esta silenciosa enfermedad se lleve a más personas._
_*Gracias* por Bendecir y proteger a  los médicos, enfermeras, policías, fuerzas armadas, bomberos y todos los trabajadores que salen todos los días a salvar vidas._
_*Gracias* por Devolverles sanos y seguros a sus hogares, Señor._
_*Gracias por Bendecirnos*, Señor por tu Infinita Misericordia._
_*Te lo pido en el nombre de tu amado hijo, *JESÚS*_.
_ ¡Amén!_

El rezo de las tres Avemarías antes de acostarnos, es como despedirnos de la Virgen antes de dormir. Pedimos por la pureza propia y ajena, ya que la Virgen es paradigma de la pureza.

Es una devoción que viene del siglo X. Santa Matilde o Matilde de Ringelheim, se casó con el duque de Sajonia, que más tarde llegó a ser rey. Fue conocido como Enrique el Pajarero. Después de 23 años de matrimonio, quedó viuda. En 936, su hijo Otón accedió al trono y la expulsó de palacio pues pensaba que Matilde estaba de parte de su hermano Enrique. Ella se retira a un convento para rezar por la unidad familiar. Cuando se reconcilian los hermanos, Ella vuelve a palacio.

Matilde pidió a la Virgen un arma para morir en paz, sin el acoso del demonio, y la Virgen le recomendó rezar tres Avemarías. Le dijo: en la primera Avemaría piensa en Dios Padre, en la segunda Avemaría piensa en el Verbo que se ha hecho carne y pídele que te infunda tanta luz a la hora de tu muerte, que te veas libre de todo error. En la tercera Avemaría trae a la memoria al Espíritu Santo. La Virgen prometió a Santa Matilde que quien rezara diariamente tres Avemarías, tendría su auxilio durante la vida y la muerte.

San Juan Pablo II ponía en relación la pureza con la piedad. La piedad es fruto de la inhabitación del Espíritu Santo.

Han sucedido hechos como el de un grupo de jóvenes que tiene un accidente y mueren todos excepto el que rezaba las tres Avemarías.

Los Apóstoles convivieron con Jesús durante 3 años, y la Virgen vivió con él durante 30 años. ¡Qué cosas no aprendería! Por eso ella es Reina de los Apóstoles.

Es una buena ocasión para leer la oración de San Luis, llena de sabiduría.

Oración a Nuestra Señora de San Luis María Grignon de Montfort

¡Salve, María, amadísima Hija del Eterno Padre; salve María, Madre admirable del Hijo; salve, María, fidelísima Esposa del Espíritu Santo; salve, María, mi amada Madre, mi amable Maestra, mi poderosa Soberana; salve, gozo mío, gloria mía, mi corazón y mi alma! Sois toda mía por misericordia, y yo soy todo vuestro por justicia, pero todavía no lo soy bastante. De nuevo me entrego a Ti todo entero en calidad de eterno esclavo, sin reservar nada, ni para mí, ni para otros.
Si algo ves en mí que todavía no sea tuyo, tómalo enseguida, te lo suplico, y hazte dueña absoluta de todos mis haberes para destruir y desarraigar y aniquilar en mí todo lo que desagrada a Dios y plantar y levantar y producir todo lo que os guste.
La luz de tu fe disipe las tinieblas de mi espíritu; tu humildad profunda ocupe el lugar de mi orgullo; tu contemplación sublime detenga las distracciones de mi fantasía vagabunda; tu continua vista de Dios llene de su presencia mi memoria, el incendio de caridad de tu corazón abrase la tibieza y frialdad del mío; cedan el sitio a tus virtudes mis pecados; tus méritos sean delante de Dios mi adorno y suplemento.
En fin, queridísima y amadísima Madre, haz, si es posible, que no tenga yo más espíritu que el tuyo para conocer a Jesucristo y entender sus divinas voluntades; que no tenga más alma que la tuya para alabar y glorificar al Señor; que no tenga más corazón que el tuyo para amar a Dios con amor puro y con amor ardiente como Tú.
No pido visiones, ni revelaciones, ni gustos, ni contentos, ni aun espirituales. Para Ti el ver claro, sin tinieblas; para Ti el gustar por entero sin amargura; para Ti el triunfar gloriosa a la diestra de tu Hijo, sin humillación; para Ti el mandar a los ángeles, hombres y demonios, con poder absoluto, sin resistencia, y el disponer en fin, sin reserva alguna de todos los bienes de Dios. Ésta es, divina María, la mejor parte que se te ha concedido, y que jamás se te quitará, que es para mí grandísimo gozo.
Para mí y mientras viva no quiero otro sino el experimentar el que Tú tuviste: Creer a secas, sin nada ver y gustar; sufrir con alegría, sin consuelo de las criaturas; morir a mí mismo, continuamente y sin descanso; trabajar mucho hasta la muerte por Ti, sin interés, como el más vil de los esclavos. La sola gracia, que por pura misericordia te pido, es que en todos los días y en to dos los momentos de mi vida diga tres amenes: amén (así sea) a todo lo que hiciste en la tierra cuando vivías; amén a todo lo que haces al presente en el cielo; amén a todo lo que obras en mi alma, para que en ella no haya nada más que Tú, para glorificar plenamente a Jesús en mí, ahora y en la eternidad. Amén

La Pascua es el inicio de la gracia, Pentecostés es la corona de esa gracia, dice San Agustín. Es como el cumpleaños de la Iglesia, es el inicio de la cosecha en el mundo. San Pedro convirtió a tres mil en un solo discurso. La confirmación es el sacramento de la evangelización, una vez que vino el Espíritu los Apóstoles pudieron proclamar el Evangelio incluso poniendo en peligro su vida.

Don Rafael Llano Cifuentes escribe: “Después de Pentecostés, los judíos que habían perseguido a Jesús comenzaron a ver cómo, de forma avasalladora, se propagaba su doctrina. Aquel fuego, que habían intentado apagar dándole muerte a Nuestro Señor, se extendía como un gran incendio, atizado por un viento desconocido, que no era otro sino el viento del Divino Paráclito. Después de la conversión de aquellas tres mil personas, en pocos días, el número de los discípulos llegaba a cinco mil (Act. 4, 4)”.

Los apóstoles predicaban la doctrina de Cristo con una seguridad que asombraba a todos, ya que eran considerados hombres sin recursos y sin cultura (Act 4, 32). Los veían transformados, hablando con la autoridad de Cristo y obrando con el poder de Cristo, como ellos mismos lo afirmaban (Act. 4, 10). Y hasta la sombra de Pedro curaba a los enfermos” (Act. 5, 15).

“Aquellos hombres se parecían al Maestro por su mansedumbre y humildad, por su valentía y su dignidad y, especialmente, por su determinación jubilosa de dar la vida por el Evangelio. En suma, los judíos habían querido dar muerte a Cristo, y ahora se encontraban con muchos cristos: tantos como apóstoles y discípulos. Esta maravilla divina no podemos considerarla como una realidad incrustada en el tiempo, perdida entre las nieblas de la historia. Es – tiene que ser – una realidad viva, actual, porque el poder de Dios no ha disminuido y la gran fuerza del Espíritu está siempre renovando la faz de la tierra. Si tuviésemos una fe tan pequeña como un grano de mostaza, nosotros mismos reproduciríamos los milagros del Evangelio y de los Actos de los Apóstoles. Por eso, coloquémonos también al lado de María, para hacer, cada uno de nosotros, la experiencia íntima del Espíritu Santo, para que en nosotros se haga realidad la maravilla de Pentecostés”.

¿No sentimos nosotros también, por ventura, esa inmensa desproporción entre nuestra misión y nuestra miseria personal?; ¿entre el fabuloso trabajo que tenemos que realizar y nuestras limitaciones humanas, flaquezas, abandonos y desidias?; ¿entre la santidad que esperan de nosotros y nuestras negligencias e inconstancias, nuestras sombras y pecados?…

Hacer la experiencia íntima de Pentecostés, lleva a comprender que nosotros debemos vivir antes, lo que queremos que los otros vivan después. En los caminos espirituales, que son como los senderos de montaña, no bastan los letreros que indican el camino, pero que se quedan parados. Son necesarios guías, que se coloquen al frente, que tengan el camino encarnado, que digan con la fuerza de una convicción arraigada: ¡Síganme! ¡Hagan lo que digo y hagan lo que hago! Nosotros tenemos que ser esos guías. Tenemos que ser como el Espíritu Santo que abre caminos como conductor, como guía, como líder, según reza un antiguo cántico litúrgico. En esto encontramos el secreto de nuestro liderazgo. Esta autenticidad, esta coherencia es lo que verdaderamente arrastra. Es así como el cristiano se convierte en un pionero de la santidad, que abre nuevos caminos y fronteras, llevando detrás de si una multitud de hombres, quizá, irresolutos, confusos y dubitativos. 

Paulo VI decía que el mundo contemporáneo estaba más dispuesto a oír los testigos experimentales que los maestros; y si se oía a los maestros es porque antes ellos habían sido testigos.

No podemos tener miedo de esa transparencia: ¡que nos vean como somos! Que vean el fondo de nuestra alma, que no nos importe que descubran nuestras limitaciones, lagunas, defectos y perplejidades. Dejarían entonces de ver algo que les repugna mucho más: nuestra autosuficiencia vanidosa y nuestras teatralidades; y pasarán a vislumbrar esa sencillez encantadora, que atrae y cautiva.

Alguien contaba la experiencia que tuvo al viajar en el mismo avión que Teresa de Calcuta. Al poco tiempo de sentarse en su lugar, una azafata se aproximó a ella, le hizo una confidencia personal y le pidió su bendición. Minutos después, otra funcionaria del avión hizo lo mismo. Y más tarde uno de los comisarios, y otro, y otro, hasta que terminaron saliendo los pilotos de la cabina para estar un rato al lado de ella y recibir también su bendición. El ambiente del avión cambió por completo. ¿Que atractivos humanos tendría esta insignificante mujer, esta viejecita de rostro arrugado, diminuta, ya encorvada por los años? El atractivo de la bondad, de la virtud, de la abnegación total, del amor a los pobres, de la santidad… El atractivo de ese bonus odor Christi (II Cor. 2, 15) de que nos habla San Pablo, ese perfume, ese aroma, que cautiva y arrastra.

Esto nos habla del atractivo que suscita la santidad, del magnetismo que irradian los santos -como encarnación viva de la figura de Cristo-, de la capacidad transformadora de su presencia y de su ejemplo. (Hasta aquí R. Llano).

Santo Tomás de Aquino señala de manera general que es por el don de la caridad como el alma es asimilada al Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo es esencialmente amor. Es el Amor del Padre y el Amor del Hijo. El Padre nos ama en su Hijo con el amor con que ama eternamente a su Hijo. (Alexis Riaud, La acción del Espíritu Santo en las almas, p. 168).