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¿Qué es el Bautismo? el Catecismo de la Iglesia Católica dice que por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo e incorporados a la Iglesia. Es el más bello y magnífico de los dones de Dios. San Gregorio Nacianceno dice: “Es Don porque es conferido a los que no aportan nada, gracia porque es conferido incluso a culpables; bautismo porque el pecado es sepultado en el agua; unción, porque es sagrado y real (tales son los que son ungidos), iluminación porque es luz resplandeciente; vestidura, porque cubre nuestra vergüenza; baño, porque lava; sello, porque nos guarda y es el signo de la soberanía de Dios” (Oratio 40, 3-4).

Jesucristo le dijo a Nicodemo: “El que no naciere del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios” (Juan 3,5). El Bautismo es necesario para la salvación, por eso Jesús manda a sus discípulos a evangelizar y a bautizar a todas las naciones. El Bautismo es necesario para la salvación de aquellos a los que el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedirlo. La Iglesia no conoce otro medio que el Bautismo para asegurar la entrada en la bienaventuranza eterna.

Cuando un niño nace, debe ser bautizado enseguida para que se le perdone el pecado original y pase a ser hijo de Dios. Privar voluntariamente a los niños de este sacramento, por largo tiempo, puede ser pecado grave. El actual Código de Derecho Canónico dice que los niños deben bautizarse en las primeras semanas (CIC, n. 867,1).

Al bautizar a un niño, conviene ponerle un nombre que no sea ajeno al sentir cristiano (CIC, n. 855). El patrocinio de un santo asegura su intercesión.

Al hijo bautizado hay que educarle cristianamente con la palabra y con el ejemplo. Es edificante que vea que se bendice la mesa, que se reza habitualmente en casa, que se asiste a Misa los domingos, que se llega a tiempo a Misa, que los adultos y niños se confiesan con frecuencia, que se vive la reverencia ante el Santísimo Sacramento, que se respetan los bienes ajenos, que se sabe perdonar, que se vive la justicia social, que hay afán de trabajar y tiempo para jugar, etc.

Para darle una buena formación cristiana, hay que llevarlo a la catequesis parroquial y seguir de cerca su formación religiosa y humana. Hay que enseñarles que las cosas no son buenas o malas porque las hagan muchos.

Antes de que el niño se bautice, se elige a los padrinos, que suplen a los padres si éstos llegan a faltar. Es bueno que los padrinos sean católicos practicantes.

Privar a los hijos de bautismo –que los hace hijos de Dios y herederos del Cielo-, pensando que así se les deja con mayor libertad para que ellos elijan de mayores, es tan absurdo como no enseñarles ninguna lengua, para que luego elijan la que prefieran. Lo lógico es que los padres transmitan a sus hijos los bienes que poseen: cultura, educación, lengua y fe. Después, de mayores, ellos hacen suyo todo esto libremente o lo rechaza responsablemente.

Para hacerle un gran favor a alguien, no hay que pedirle permiso. A un niño se le da la medicina en la enfermedad sin pedirle permiso, y se le dan órdenes en orden a su supervivencia, como: “No salgas solo a la calle”.

El bautismo lo confiere el sacerdote u otra persona que tenga la intención de bautizar, pero en caso de imposibilidad, puede ser suplido por el bautismo de deseo, por lo menos implícito (cfr. Jorge Loring, Para salvarte, p. 495, Ed. Basilio Nuñez, Clavería México 1997).

El bautismo hace del hombre una criatura nueva, un hijo adoptivo de Dios y coheredero con Cristo. De las fuentes bautismales nace el único pueblo de Dios, de la Nueva Alianza, que trasciende todos los límites naturales o humanos de las naciones, las culturas, las razas y los sexos.

Dios da al bautizado la gracia de la justificación, que le hace capaz de creer en Dios, de esperar en Él y de amarlo mediante las virtudes teologales (fe, esperanza y caridad), y le permite crecer en el bien mediante las virtudes morales.

Todos deseamos la felicidad, y ésta se encuentra en la otra vida con plenitud, es decir, en el Cielo. Queremos la belleza infinita, la verdad infinita, la bondad suma, porque eso es lo único capaz de llenar al ser humano.

Jesús nos dice: “No tienes que cambiar para amarme, amarme te hará cambiar”. Jesucristo vino a buscar al pecador y muere para darnos la vida verdadera.

“Es necesario que el pueblo combata por la ley como por los muros de la ciudad”

Luigi Amicone escribe: Carlo Caffarra, miembro del Pontificio Consejo para la Familia, explicó en una conversación con Tempi.it porqué las políticas anti-familia parecen tan fuertes.

Caffarra declaró: “Me han surgido distintos pensamientos desde que el Parlamento Europeo recomendó el reconocimiento de los matrimonios entre personas del mismo sexo (Estrasburgo, Primavera de 2015)”. El primer pensamiento ha sido este: “Estamos en el fin. Europa se está muriendo, y tal vez ni siquiera tiene ganas de vivir, pues no ha habido civilización que haya sobrevivido al ensalzamiento de la homosexualidad. No estoy diciendo al ejercicio de la homosexualidad, sino a su ensalzamiento; ninguna civilización ha ido tan lejos como para afirmar el matrimonio entre personas del mismo sexo.

En distintos pueblos paganos la homosexualidad tenía un tinte sagrado. De hecho, el adjetivo usado en el Levítico para juzgar el ensalzamiento de la homosexualidad a través del rito sagrado es ‘abominable’. Tenía carácter sagrado en los templos y ritos paganos.

Tanto es así que las dos únicas realidades civiles, llamémoslas así, los dos únicos pueblos que han resistido muchos milenios a la homosexualidad son el judaísmo y el cristianismo. ¿Dónde están los asirios hoy en día?, ¿dónde los babilonios? Han desaparecido. Y el pueblo judío era una tribu, parecía una nulidad frente a otras realidades político-religiosas. Sin embargo, la reglamentación del ejercicio de la sexualidad como la que encontramos, por ejemplo, en el libro del Levítico, se convirtió en un factor importantísimo de civilización. Este fue mi primer pensamiento.

Segundo pensamiento. Ante hechos de este tipo me pregunto: ¿cómo es posible que en la mente del hombre se oscurezcan evidencias tan originarias? Y la respuesta a mi juicio es que se trata de una obra diabólica, literalmente”.

Estrictamente hablando, es el último desafío que satanás lanza a Dios creador diciendo: ‘Te voy enseño como construyo una creación alternativa a la tuya, y verás que las personas dirán: se está mejor así. Tú les prometes libertad, yo les propongo el arbitrio. Tú les das amor, yo les ofrezco emociones. Tú quieres la justicia; yo, la igualdad perfecta que anula toda diferencia’.

Sigue Carlo Caffarra. ¿Por qué digo ‘creación alternativa’? Porque si volvemos, como Jesús nos pide, al Principio -al diseño original-, a la forma en que Dios ha pensado la creación, vemos que este gran edificio que es la creación, se rige sobre dos columnas: la relación hombre-mujer (la pareja) y el trabajo humano. Nosotros estamos hablando ahora de la primera columna, pero también la segunda se está destruyendo.

El tercer pensamiento tiene forma de pregunta: ¿Hasta cuándo, Señor? Y entonces resuena en mi corazón la respuesta que da el Señor en el Apocalipsis. En este libro se narra que a los pies del altar celeste están los asesinados por la justicia, los mártires, que dicen continuamente: ¿Para cuándo dejas el hacer justicia y vengar nuestra sangre contra los habitantes de la tierra? (Apoc 6, 10). Y me sale espontáneo decir: ¿Hasta cuándo, Señor, no defenderás tu creación? Y de nuevo la respuesta del Apocalipsis resuena dentro de mí: “Deben aguardar un poco hasta que se complete el número de los hermanos que van a ser inmolados como ellos”. ¡Qué gran misterio es la paciencia de Dios!

De cada cosa y de cada criatura la Biblia dice: “Y vio Dios que era bueno”. ¡Es la alegría del gran artista! Ahora esta gran obra de arte de Dios está desfigurada. Pero Dios es paciente y misericordioso. ¿Toda esta fuerza de desfigurar y destruir la creación tiene tanta fuerza que al final vencerá? No. Yo pienso que hay una fuerza más poderosa que es el acto redentor de Cristo.

Me pregunto: ¿Cómo puedo impedir el oscurecimiento de los corazones? Pienso que hay dos posibles directrices. Primer hacer una intervención de urgencia, curar, y luego intentar entender las causas de ese oscurecimiento para luego hacer un largo proceso educativo. ¿Y quiénes serán los actores de esa empresa para la que se necesitará tiempo y capacidad de sacrificio? En mi opinión son fundamentalmente los pastores de la Iglesia y los esposos cristianos.

El hombre ha hecho desastres enormes pero la imagen de Dios ha permanecido. Yo veo, hoy, que los jóvenes son cada vez menos capaces del retorno a sí mismos. El mismo drama de Agustín cuando tenía su edad. Al final, ¿qué es lo que conmovió a Agustín? Ver a un obispo, Ambrosio, y ver a una comunidad que cantaba con el corazón, más que con los labios, la belleza de la creación, Deus creator omnium, el bellísimo himno de Ambrosio.

Una última cosa. A medida que mi vida avanza veo la importancia de las leyes civiles. He entendido lo que dice Heráclito: “Es necesario que el pueblo combata por la ley como por los muros de la ciudad”. Hoy parece que el estado ha abdicado de su tarea legislativa, reduciéndose a ser una cinta grabadora de los deseos de los individuos, cuyo resultado es la creación de una sociedad de egoísmos opuestos, o de frágiles convergencias de intereses contrarios.

Tácito dice: “Muchísimas son las leyes cuando el Estado es corrupto”. Cuando el Estado es corrupto las leyes se multiplica. Es la situación actual.

No podemos callarnos. Ay de nosotros si el Señor nos reprendiera con las palabras del profeta: Sois perros que no habéis ladrado.

Los niños han sido transformados de sujetos de derecho como cada persona humana, en objetos de deseo de las personas adultas. Hemos vuelto al paganismo donde el niño no tenía ningún derecho. Era un objeto “a disposición de”. Por lo tanto, no podemos callar. (Religión en Libertad. Hemos vuelto al paganismo donde el niño no tenía derechos).

La naturaleza humana es preciosa, Dios se admiró de ella y dijo “que era buena”.

(Génesis), pero perdimos la bondad libremente con el pecado original, así que el pecado es solamente esto: infidelidad al modelo original. Podemos recuperar en parte esa bondad a través de la lucha por parecernos a Cristo. Él es el modelo. Para eso se encarnó, para hacer visible lo invisible. En la mente del Creador está el perfil ideal del ser humano, pero con el pecado el hombre degradó esa imagen. Allí está la fuente de las infidelidades. Jesús se encarnó para ser uno de nosotros y enseñarnos a decirle a Dios “Padre nuestro”, que es la clave de la recuperación.

Todos deseamos la felicidad. “En esta vida nadie puede satisfacer sus deseos, y ninguna cosa creada puede saciar nunca el deseo del hombre: sólo Dios puede saciarlo con creces, hasta el infinito”[1]. Dios nos podría decir: “Yo he criado hijos y los he engrandecido, y ellos se han rebelado contra mí”[2].

No es fácil ver la maldad del pecado, misterio de iniquidad. San Juan Bosco decía que preferiría que se quemara mil veces el Oratorio –la sede de su labor-, antes de que allí se cometiera un pecado mortal. Santa Teresa vio claramente que por un pecado mortal merecemos el infierno. Antes de cometer un pecado mortal hay una batalla entre la corte celestial y los demonios.

Las cosas no son malas porque son pecado, sino que son pecado porque son malas, aunque al principio no se haga daño. Haciendo el mal nunca se acaba sacando el bien, aunque aparentemente lo parezca, p.e. en Demografía hay varios errores de este estilo.

Es una pura ilusión pretender mantenernos inmunes al espíritu mundano, si lo que entra a oleadas en nuestro interior, por los ojos y por los oídos, no es otra cosa que el centellear de sus colores, la sensualidad de sus imágenes, la falsa inocencia de sus “desnudos”, la violencia de sus escenas. El mundo más peligroso no es el que nos combate, sino el que nos atrae; no es el que nos odia, sino el que nos acaricia, afirma Raniero Cantalamessa.

La reconciliación. La forma que Dios eligió para perdonar los pecados, que pasa por la confesión de los mismos, responde a una necesidad profunda de la psique humana: la de liberarse de lo que oprime, manifestándolo. El abandono de la confesión desemboca en una pérdida progresiva de sensibilidad ante el pecado y de fervor espiritual. Para que la confesión sea decisiva en la lucha contra el pecado, ha de vivirse como un encuentro personal con Jesús resucitado que, por mediación de la Iglesia, nos comunica la fuerza sanadora de su Sangre y nos devuelve la alegría de estar salvados.

San Juan Pablo II escribe: “Junto con la Eucaristía, el sacramento de la Reconciliación debe tener también un papel fundamental en la recuperación de la esperanza: La experiencia personal del perdón de Dios para cada uno de nosotros es fundamento esencial de toda esperanza respecto a nuestro futuro. Una de las causas del abatimiento que acecha a muchos jóvenes de hoy debe buscarse en la incapacidad de reconocerse pecadores y dejarse perdonar, una incapacidad debida frecuentemente a la soledad de quien, viviendo como si Dios no existiera, no tiene a nadie a quien pedir perdón. El que, por el contrario, se reconoce pecador y se encomienda a la misericordia del Padre celestial, experimenta la alegría de una verdadera liberación y puede vivir sin encerrarse en su propia miseria. Recibe así la gracia de un nuevo comienzo y encuentra motivos para esperar”[3].

La Cruz de Cristo, dice Juan Luis Lorda, nos permite ilustrar los tres aspectos más sobresalientes del misterio del pecado: el maltrato que damos a Dios —la ofensa a Dios—, el oscurecimiento de la verdad —el deterioro de la luz de la conciencia—, y la destrucción de la perfección humana —imagen de Dios— que nos incapacita para vivir la vida de Dios aquí en la tierra y, tras la Resurrección, en el Cielo (cfr. Para ser cristiano, p. 217s).

A medida que avanza la vida cristiana, aumenta el sentido del pecado y también, a medida que disminuye la práctica cristiana, se pierde el sentido del pecado. Quien se niega a reconocer sus pecados, se separa de Dios.

Todos somos pecadores. “Nunca falta algo que perdonar —dice San Agustín—: somos hombres. Hablé más de la cuenta; dije algo que no debí; reí con exceso; bebí demasiado; comí sin moderación: oí de buena gana lo que no está bien oír; vi con gusto lo que no era bueno ver; pensé con deleite en lo que no debía pensar…” (Sermón 57).

Hemos de procurar que el corazón mantenga su sensibilidad, sin acostumbrarnos a lo que nos separa de Dios. Afirma San Agustín que lo que se endurece pierde sensibilidad. Lo que se halla en estado de putrefacción no duele. Si al picarnos en alguna parte nos duele, es que esa parte está sana y hay posibilidad de curación. Si no duele, ya está muerta: hay que amputarla (cfr. San Agustín, Sermón 17).

HECHICERÍAS, DROGAS Y BRUJERÍA

Lucifer fue arrojado del Cielo, pero retuvo muchos conocimientos. Él es padre de todos los mentirosos. Él es y fue, y todavía es un asesino y un fomentador de asesinatos. Él, si puede, tergiversará la naturaleza del cristiano. El nos hará crear un monstruo mientras buscamos el conocimiento científico sobre la creación de la vida. El demonio fomentará en la humanidad una forma de locura, —ya que el pecado es una locura—. El hombre descenderá al nivel de los animales, degradando su cuerpo cometiendo asesinatos, exterminando los ancianos, exterminando a los enfermos, destruyendo a la juventud. Hay muchas hechicerías, drogas, y brujería. La hechicería está ahora sobre la tierra. Es un hecho. Es diabólico y es la fuerza de los demonios.


[1] S. Tomás de Aquino, Expos in Cred 12.1012.

[2] Isaías 1,2.

[3] Juan Pablo II, Ecclesia in Europa, n. 76.

Trabajar el corazón

EN RESUMEN: Un ideal podría ser: Ser islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia. La insensibilidad es contraria al espíritu cristiano. Ortega y Gasset tenía una gran capacidad de síntesis, y escribió: “Somos un sistema nato de preferencias y desdenes” (“La elección en amor [Revelación de la cuenca latente]”, en Estudios sobre el amor. Revista literaria Katharsis, pdf p. 28). Esto quiere decir que el proceso de decidir no es solamente intelectivo. El hombre se constituye por sus preferencias.

El corazón, máquina de preferir y desdeñar, es el soporte de nuestra personalidad, el corazón es lo más definitorio del perfil intelectual y moral de una persona”. Podemos tener la sensación de que nos enfrentamos a algo vago. La inteligencia tiene una estructura y tiene transparencia. El corazón no es transparente, no es inmediatamente visible, funciona con un régimen estable. La afectividad se nota cuando se mueve, cuando actúa, y lo que hace, depende de la motivación. Tenemos una estructura de afectos que va cambiando a lo largo de la vida.

Dietrich von Hildebrand es un filósofo del amor. Escribe El arte de vivir, un análisis de la estructura de la afectividad. Pone de manifiesto que, además de unos sentimientos, que se comparten con los animales, hay una parte espiritual de la afección. Una alegría noble e intensa ante una acción buena es algo espiritual. “Cuando aceptamos que el hombre ha sido destinado a ser feliz, y que la felicidad consiste en la plenitud de su existencia, el significado y rango de la afectividad espiritual revelan su poder irresistible.” La dicha es esencialmente afectiva. La plenitud consiste en que queramos y percibamos. Nuestra voluntad y nuestro corazón están llamados a responder a los valores moralmente relevantes. El amor, desarrollado, es firme ante grandes bienes. Una buena persona es un una persona que posee buen corazón, dice von Hildebrand.

Daniel Coleman recuerda que las emociones nos hacen actuar más que la inteligencia, pero hemos de aportar inteligencia a nuestras emociones para que no sean tan brutales.

Sólo cuando se ordenan los amores superiores, se pueden ordenar los inferiores. La ruptura entre la parte superior y la inferior tiran de manera desordenada y plural y crean conflicto. La soberbia también es un amor que empuja.

El gesto y la fisonomía de una persona revelan algo de su interioridad. Lo más interesante de conocer de una persona es su sistema de valores. Muchas veces el hombre encubre su ser auténtico con gestos copiados del entorno social.

Franz Brentano dice que Platón se dio cuenta de que hay un combate entre las aspiraciones del alma superiores y las aspiraciones de la sensibilidad más baja, y también hay un combate entre los distintos motivos con que se puede mover una persona.

San Pablo dice que la raíz de todos los males es la avaricia. San Agustín escribe: “Cuando los avaros aman al oro más de lo justo, no es culpa del oro sino del avaro. Pecamos al amar con desorden lo que Tú creaste” (cfr. Salmo 50).

Hay amores entusiastas, amores ebrios, fuertes, son los que conducen en la vida y conducen a la santidad. La virtud de una persona tiene que ver con los amores ordenados y fuertes. Si no hay amor fuerte no se vence la pereza personal.

“El deleite es de necesidad en la virtud y pertenece a su sentido”, dice Santo Tomás de Aquino. “No hay nadie que sea bueno o virtuoso si no se alegra con las obras buenas”.

Una madre le decía a su hijo: “La felicidad consiste en hacer lo que tienes que hacer y encontrar gusto en ello”. Mantener el sentimiento de que las cosas que hacemos son buenas, bonitas, bellas.

Platón hace un compendio de la buena educación en esta frase: “La virtud moral se relaciona con los placeres y dolores pues hacemos lo malo a causa del placer y nos apartamos del bien a causa del dolor. Por ello debíamos haber sido educado desde jóvenes para alegrarnos y dolernos como es debido, porque en esto radica la buena educación”.

En Grecia se trabajaba la Iliada y la Odisea el educar para encontrar ejemplos de virtud. Que nos parezca estupendo ser trabajador, alegre, sereno.

Jean Corbon, liturgista francés del Líbano, tenía una gran sensibilidad para la espiritualidad oriental y afirmaba que el “corazón es la morada donde yo habito”, es nuestro centro escondido, sólo el Espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo, es el lugar de la verdad.

Impresiona la unidad que muestra la Biblia a propósito del corazón. Una conciencia que piensa y siente. Los afectos motivan hacia la acción. En el corazón el hombre se decide o no por Dios. Allí se estructura la unidad de la persona. Lo que da fuerza a una persona es que empuje el corazón.

Las madres son más valientes que los filósofos porque están más dispuestas al sacrificio por lo que aman. La afectividad necesita de la razón para no volverse loca (Scheler se movió por una alumna, una afectividad desatada, irracional). El celo de tu casa me consume, tiene una fuerza vital. “Bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios”. Los corazones limpios ajustan su inteligencia y su voluntad a la santidad en estos dominios: la caridad, la castidad, el amor a la verdad y la ortodoxia de la fe.

Los mandamientos del amor tienen una formulación teórica y hemos de convertirlos en acción y ver cómo se imprimen en la personalidad. Y tiene relación con el amor al prójimo. Ese amor es de tal naturaleza que no se puede dar en este mundo naturalmente. Sólo el amor es digno de fe. Un amor que llega a la muerte es un signo de Dios, es una cosa loca, divina. El entusiasmo cristiano. Hay una cierta dificultad en articular el amor a Dios y el amor al prójimo. La vida cristiana es una espontaneidad. El amor al prójimo necesita un trabajo personal. Ser perfectos es ser misericordiosos. Las palabras tienen una magia. Ser misericordiosos es un amor que se conmueve especialmente con los necesitados. Esa conmoción de Dios que se conmueve de la necesidad que el hombre tiene de que Él se haga hombre. Por eso dice Jesús: “Id pues, y aprended qué significa: Misericordia quiero, y no sacrificio” (Mateo 9, 13).

El secretario de Felipe II compara a Juan de Austria con el rey, y dice: “Tenía una rectitud exenta de generosidad y por ello, antipática”. Es un defecto que se da con frecuencia. Felipe II recuerda lo que algunos hacen mal, pero ¿los quiere o no los quiere? Hay que ver ese aspecto: Si no los quieres, ese amor es amor a la regla, a la ley o a la norma, pero no a la persona, ese amor se ha desenfocado. Los demás temen acercarse. Sólo el amor es digno de fe. La rectitud sola no atrae. Debemos de estar convencidos de que Dios nos ama a pesar de ser pecadores.

Las grandes promesa de la Nueva Alianza ¿cuáles son? son promesas del cambio de corazón del pueblo de Israel. Dios nos dará un corazón de carne para caminar según sus preceptos. Siempre tenemos que ser convertidos, hasta que no resucitemos estamos por hacer. Hay una cuestión ascética aquí: Nos toca quitar obstáculos. Si uno está distraído con otras cosas, no puede pedir el cambio de corazón. Hay un aspecto de sobriedad, de desprender de cosas inútiles el corazón. El corazón se educa dándose cuenta de que el amor es bonito, de que la misericordia de Jesús es estupenda. La otra parte la hace el Espíritu Santo.

En cuanto a las convicciones, Juan Pablo II conecta una percepción del ser humano con el mandamiento del amor, lo llama la norma personalista. La persona es un ser para el que la única respuesta adecuada es quererla. También es un trabajo personal el llegar a convencerse del valor que tiene toda persona. Si tienes una gran convicción, desarrollas unas actitudes.

Hay un tema ascético místico importante en el dar y darse a los demás. Dice Jesucristo: “Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de mis hermanos, lo hicisteis conmigo”. Hay que ver a Jesucristo en el necesitado, y esto es un trabajo espiritual. El modelo con el cual hemos sido hechos es Jesucristo. Toda persona puede encarnar de alguna manera a Jesucristo.

 San Juan de la Cruz nos da una frase que puede ser una praxis constante: “Pon amor donde no hay amor y sacarás amor”. Haz a los demás lo que quieres que hagan contigo. Hay que poder ponerse en el lugar del prójimo, sino, no sabemos lo que sufre. Esa es una gran capacidad cristiana que podemos adquirir, son caminos para desarrollar la misericordia. Tener un corazón misericordioso no quiere decir tener un corazón débil, sino un corazón cerrado al tentador y abierto a Dios.

Con tres agujas

No te va*cunes contra el Covid-19, va*cuna con 3 agujas

Hace muchos años las va*cunas eran buenas y ayudaban a la salud, pero desde el año 2000 con frecuencia las han usado para enfermar a niños y adultos en África, América Latina y otros países, o al menos bajar sus fuerzas y su sistema inmunológico.

Si preguntas en un hospital ¿quién se responsabiliza del resultado de estas va*cunas? Nadie lo hace. No depende de la dirección del hospital.

El enemigo no está en el país, está fuera. El enemigo es un grupo llamado Élite mundial o Estado profundo. Todos los ciudadanos debemos unirnos contra ellos; aquí no importa el partido o las creencias porque es un asunto de vida o muerte.

Ahora están yendo a inyectar a niños y les ponen placebo, que no causa daño, para que la gente tome confianza a las va*cunas. ¡Huye de la va*cuna de tres agujas!

COVID-19 significa CERTIFICADO DE IDENTIFICACIÓN DE VACUNACIÓN CON INTELIGENCIA ARTIFICIAL. Es el nombre del PLAN INTERNACIONAL PARA EL CONTROL Y LA REDUCCIÓN DE LAS POBLACIONES.

Todos los casos de personas ancianas graves de Covid-19 coincide con que antes han sido va*cunadas contra la gripe o influenza.

Una camarilla de personas quiere lograr la despoblación mundial, la Élite oscura pretende la despoblación masiva en más del 80%. Somos siete mil millones en el mundo, quieren mil millones máximo.

 La va*cuna que nos quieren poner nunca ha sido probada. Hay quien les llama “vacunas genéticas” porque te cambian tu personalidad.

FUENTE: http://www.mente alternativa/ autor/mente alternativa/

Esta fuente explica que esto es una “plandemia”. También explica que uno de cada 600 niños va*cunados contra el sarampión, sufre convulsiones. Y en países en que el sarampión había desaparecido, volvió la enfermedad infantil al aplicar va*cunas (cfr. Conferencias de Dra. Chinda Brandolino, de Argentina). La Dra. Anette Lillinger, de Alemania, dice: En mi opinión, estas nuevas va*cunas representan un crimen contra la humanidad.

Mensaje resumido de Robert F. Kennedy, Jr.
El Dr. Wolfgang Wodarg, dice: en realidad, esta “va*cuna” está prohibida porque es manipulación genética!”. 

Origen del covid-19: El coronavirus lo desarrolló la Pilgrims Society angloamericana (Parte del Estado profundo) como arma biológica. Este Instituto es parte del plan para crear un gobierno mundial. Fue patentado el 20 de noviembre de 2018. Se desarrolló en Carolina del Norte, pagado por Bill Gates y se llevó a Wuhan. (Cf. https://t.me/s/mentealt?before=299).

Para saber más del Estado profundo u oscuro y Nuevo Orden Internacional, buscar conferencias de Daniel Estulín, ex espía soviético, en internet. Ha escrito libros también.

Bill Gates dijo que “era necesario un genocidio (matar a millones) para salvar a la humanidad”. No es cierto, el mundo puede dar de comer a muchos más. Con las nuevas técnicas de siembra y cosecha se puede obtener más alimento  que nunca, pero también lo quieren escasear.

NO TE HAGAS LA PRUEBA. LAS PRUEBAS NO SON CONFIABLES. Los mismos fabricantes de la prueba lo dicen, ninguna de las pruebas puede detectar el virus SARS-COV 2, sino detectan solo una infinidad de pequeños virus inofensivos o desechos celulares que son naturalmente parte de nuestra organismo o microbiota.
Préstamos a países endeudados, que son la mayoría en el mundo: Se tienta al presidente para que pida un préstamo, luego se le obliga a bajar el número de nacimientos. Ahora van a decirle a los gobernantes del mundo que les dispensan la deuda externa pero que obliguen a su pueblo a vacunarse.

Consultar a Joseph Mercola en https://espanol.mercola.com/; además, Mike Adams y Dr. Andrew Kaufman tienen mucho material en  inglés.

Hay que estar bien informados. No hay que dejarnos presionar para que nos va*cunen. Hay que defendernos y conocer la verdad de las va*cunas y del plan mundial. Hay que tener esperanza pues unidos podemos vencer.

Una vez informado, tú tienes libertad para hacer tus decisiones.

Cuidado de animales

Estuches de monerías

El ser humano siempre tendrá la oportunidad de asombrase de lo que es capaz (para bien y para mal). Los ejemplos de ello son innumerables. Hoy podemos ver a hombres tirándose de grandes alturas y volando a alta velocidad gracias a trajes especiales con membranas como si fueran murciélagos. A artistas callejeros que interpretan asombrosamente piezas musicales con instrumentos elaborados a base de materiales de desecho. Otros, en cambio, usan su ingenio, y todo su ser, en fabricar y usar armas para morir matando. 

El hombre puede pasar de lo sublime a lo perverso y viceversa. En nuestra naturaleza —que supera por mucho a la de los animales— tenemos una inteligencia que nos permite acceder a verdades que no conocíamos partiendo de las ya conocidas. En esto radica propiamente la capacidad de razonar. Por si fuera poco, tenemos una voluntad libre capaz de superar los reclamos de nuestros instintos.

En los últimos años ha prosperado una corriente de carácter ecologista que procura la protección a los animales, lo cual es muy loable. Sin embargo, en sus esquemas quedan rendijas por las que se escapan temas importantes. Por ejemplo: De los seres humanos podemos afirmar que todos tenemos la misma dignidad, y por lo mismo, todos han de ser respetados en sus derechos fundamentales. Ahora bien, los defensores de los animales ¿podrán, acaso, afirmar que los delfines y los perros tienen la misma categoría de las cucarachas, los piojos y los cisticercos? De ser así, se debería penalizar a quienes usen insecticidas, repelentes contra insectos, matamoscas y antibióticos. 

En este orden de ideas, convendrá distinguir entre los sentimientos que manifiestan algunos animales —siguiendo sus instintos— y la capacidad de decisión que tiene el ser humano para actuar libremente. Si bien es cierto que muchas veces los animales nos sorprenden por su lealtad y nobleza al ayudar y defender a gente necesitada, no podemos deducir que tienen la misma dignidad del ser humano. 

Por otra parte, observamos que muchos animales son capaces de caminar por sí mismos a las pocas horas de haber nacido. En cambio los bebés tardan un año para poder caminar erguidamente. Sin embargo, el hombre es capaz de seguir aprendiendo, en infinidad de temas a lo largo de toda su vida, y así vemos a personas de avanzada edad que aprenden a tocar instrumentos musicales, o diversos idiomas e, incluso, que obtienen títulos académicos estudiando con compañeros que podrían ser sus nietos. 

Qué alegría da encontrar en tantos lugares a personas de cuna humilde, quienes, a base de esfuerzo, se han abierto camino trabajando y estudiando hasta alcanzar posgrados académicos y destacando por su afán de aprender. 

Reza el refrán popular: “Todos los días se aprende algo nuevo”. Sin embargo, corremos el peligro de perder nuestro tiempo dejando escapar oportunidades para crecer en conocimientos y capacidades siendo cada día más útiles a la sociedad. 

Alejandro Cortés González-Báez

Educar el corazón

La afectividad como un gran tema humano: Qué nos mueve, qué nos enfada. La persona tiene un perfil de afectos y su estructura depende de ella. No es patente lo que hay en los corazones, pero allí está la estructura de la personalidad. Los griegos tratan de explicar cómo se despiertan los amores a través de mitos. Educar el corazón no es ninguna broma. Tenemos un sistema nato de preferencias y desdenes. Decimos: “La comida me interesa”, forma parte de nuestra estructura. Puede haber afecto a la música, al dinero, al arte, a un oficio, a las personas, etc. Una persona es una estructura de afectos, unos innatos y otros adquiridos. La persona tiene afecto a unas personas y a unos ideales. El amor es lo que mueve.

El orden en el amor (Ordo amoris) Aristóteles lo aborda en su Ética a Nicómaco, donde afirma que nos apartamos del bien a causa del dolor que implica y nos acercamos al mal por el placer que conlleva. Estar bien educado significa que te dé alegría lo bueno y te dé pena lo malo. Le decimos a un niño: “Es feo mentir”, haciendo alusión a su falta de belleza. Hay una serie de cosas bellas adecuadas al ser humano. Lo bello es un resplandor de la verdad. La idea de la honestidad está sustentada en la estética moral. Ayuda mucho este componente estético.

En su libro La Ciudad de Dios, San Agustín define la auténtica virtud como “el orden de los amores”, ordo amoris. Podemos tener amor a muchas cosas, como a una colección de sellos (timbres), chapas, cervezas, pero ese amor no debe sobrepasar a los amores más importantes, como el amor al cónyuge, porque los amores deben estar ordenados. El amor a la dignidad de la persona debe de estar casi por encima de todo.

La tradición griega nos ha ordenado la nomenclatura. Explica cómo funciona la inteligencia y cómo es el acto libre, entre otras cosas. El análisis griego con todo rompe un poco la unidad humana. Ayuda ver el lugar que ocupa el corazón en la persona tal y como lo ve la Biblia, ya que ésta ayuda a recomponer esta unidad. Lo más inestable es la inteligencia ya que vamos cambiando de contextos. Lo que da estabilidad a una persona es, sobre todo, la estructura de los afectos: ver qué ama.

La explicación de los grandes contextos bíblicos nos ayuda a conocernos, y uno de ellos, es el corazón. El corazón es la morada donde yo habito, donde yo me alegro. Sólo el espíritu de Dios puede sondearlo y conocerlo. Dice Jean Corbon que el corazón es sede de la conciencia, de la presencia de Dios en la persona. En lo más profundo de nuestro ser está Dios creándonos. Dios es juez y destino de nuestra espiritualidad. Allí escogemos entre la vida y la muerte.

La tradición también presenta al hombre movido por su voluntad pero más por su corazón. (cfr. CEC 1775). Tiene más mérito hacer las cosas cuando a uno le apetece, en cierto sentido. El gusto es necesidad de la virtud, es alegrarse con las cosas buenas y entristecerse con las malas. La madre se sacrifica por sus hijos y lo hace con gusto.

En el libro “Gregorio Marañón, radiografía de un liberal”, de Antonio López Vega, se compara a Juan de Austria con Felipe II, y de Felipe II dice su secretario que “tenía una rectitud exenta de generosidad y por ella antipática”. Se da en el cristiano cascarrabias que critica lo que hacen mal los demás, juzga. Hay en él una rectitud exenta de corazón. Allí hace falta la pregunta esencial: pero ¿los quieres o no? El amor por las reglas, las normas las leyes, es una tentación y un peligro grave.

Fray Luis de Granada decía: “El hombre debería tener un corazón de hijo para con Dios, un corazón de madre para con los demás, y un corazón de juez para consigo mismo”.

Doble mandamiento de la caridad: Podemos recordarle a la gente lo que tiene que hacer pero antes tenemos que quererla. Sólo recordar lo que hay que hacer no funciona bien, no trasciende, no refleja que Dios nos ama. Un día pasaba don Josemaría por un pasillo, y estaba uno con unos discos, y vio que había un papel arrugado en el fondo, sacó otro, y la funda estaba mal puesta y así tres veces. ¡Estaba echando humo! Don Josemaría le preguntó qué le pasaba: “Es que la gente no hace las cosas como Dios manda”. Le respondió: “Lo que Dios manda es que os queráis”. Si no “padecemos-con”, si no compadecemos, no hay misericordia. Querer es comprender. Dios tiene piedad de nosotros, y eso se tiene que reflejar en nosotros, sino, el mensaje del Evangelio no funciona. Ya sabemos qué es lo bueno y qué es lo malo, pero hay que practicar la misericordia, hay que transmitir el amor de Dios. Haríamos un mal papel a Dios reflejando una rectitud sin bondad, porque Dios no es así.

Tener fe no es creer que Dios existe, es creer que Dios nos ama. La Escritura afirma que hay que aprender qué significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”. Lo más importante de la ley es la justicia y la misericordia. San Lucas dice: “Sean misericordiosos como Dios es misericordioso”. Es una tarea para todos los días. Es un ejercicio diario. Tiene que ver con esa realización diaria. Conviene leer el Apartado Mandamientos 9º y 10 en el CEC.

Educar el corazón: es un tema dónde sólo llega el Espíritu Santo, y no es un tema secundario, es un tema central de la Revelación. Mucho de lo que la conversión es se resume en el cambio de corazón, tema riquísimo de la Escritura. La escena de la creación está detrás. Es lo carismático, lo que el Espíritu pone. “Haz lo que puedas y pide lo que no puedas”, dice San Agustín. Querer ese cambio, desearlo. La misericordia es apiadarse de los demás, que esas emociones sean motores de nuestra conducta. También hay que pedir que seamos capaces de hacer lo que no nos apetece. Hay que pedirlo porque es un don de Dios. Darme cuenta del valor que tiene toda persona simplemente por ser persona. Cualquiera es un hijo de Dios que merece nuestro amor, esta convicción debe crear hábitos de conducta. De alguna manera es ver a Cristo en los necesitados. Es como un truco, porque además, hay una verdad detrás. Esta convicción ha movido a muchos santos constantemente. Desarrollar el ver a Cristo en los demás. “Pon amor donde no hay amor y sacarás amor”, dice San Juan de la Cruz, y no el “ojo por ojo”. Tú me haces favores, yo te los hago. Ese equilibrio del ojo por ojo, diente por diente, debe ser superado. Todas las heridas que recibimos, son parte de la educación del corazón. Charles de Foucault: “El amor consiste no es sentir que se ama sino en querer amar”. Amar es querer amar, es un tema profundo. Tenemos un ideal cristiano de querer amar, en descubrir el valor de toda persona.

Vittorio Messori escribe que no hay ser humano que no aspire al placer, que no es sólo material, sino también intelectual y espiritual. El Evangelio es “buena noticia” justamente porque anuncia y promete a todos un placer infinito y sin límites de intensidad y de tiempo: la vida eterna. El desorden sexual nunca está aislado, sino que se injerta en un desorden mayor. ¿Y cuándo hay desorden? Cuando no hay matrimonio.

Cuando se les plantean a los jóvenes las consecuencias de tener relaciones sexuales, suele olvidarse que esa actividad va mucho más allá del simple contacto físico.  

Lo primero que conviene anotar es averiguar: ¿Qué es lo que buscan ellos, y qué es lo que buscan ellas? Y aunque al generalizar siempre se cometen injusticias —pues no todas las personas del mismo sexo, nación, o edades…, piensan y actúan igual—. Sí podemos obtener una visión diferenciada entre los comportamientos masculino y femenino. 

Sin ser conscientes de ello, los hombres ponen su primer interés en el instinto sexual, como efecto de la testosterona. La mujer pone en primer lugar la búsqueda de cariño. En segundo lugar para el hombre está el afán de dominio. Que a lo largo de un proceso complicado, puede derivar en manifestaciones de celos y violencia, —tremendamente dañinos en la convivencia entre las parejas durante el noviazgo y el matrimonio— y, que a veces, incluso, requieren de ayuda psicológica profesional. Para las mujeres, en segundo lugar, está el tratar de vencer el sentimiento de soledad producido por la incomprensión de sus papás y hermanos, ante los cambios de humor que se manifiestan con frecuencia en los períodos intrínsecos a sus procesos biológicos. 

En tercer lugar, para los hombres aparece la auto-afirmación de su virilidad, incluso llegando, en algunos casos, a presumir con sus amigos sus logros con las chicas. Para ellas, en cambio, en tercer lugar está una mezcla de su nueva realidad como mujeres ante los demás, que suele ir acompañada de la vanidad. 

En el cuarto lugar para los varones, encontramos el sentimiento de enamoramiento, el cual es inmaduro al no proceder de un compromiso firme y formal, por su lógica falta de madurez. En cuanto a las mujeres en el cuarto sitio está el placer sexual. 

De acuerdo con este esquema, lo que para el macho ocupa el primerísimo lugar, para la hembra está en el cuarto sitio. Si las jovencitas fueran conscientes de esta disparidad se sentirían defraudadas; pues mientras los primeros buscan el desfogue instintivo, las segundas lo ven como una entrega real y sincera de todo su ser a la persona supuestamente amada, ambicionando la correspondencia de esa donación que debería ir acompañada de una fidelidad a toda prueba, y que no soporta ser traicionada. Tristemente vemos que, si al adolescente que tuvo relaciones con su novia el martes se le presenta la oportunidad de tener sexo el miércoles con otra mujer, no la deja pasar. 

Podemos ver cómo se ha devaluado el sexo, pues hoy la pornografía no cuesta, es gratis, y muchas jovencitas se ponen en barata por desconocer su auténtico valor personal, sintiendo pavor a ser rechazadas si se niegan a determinadas prácticas de chantaje sentimental. 

Según la opinión de algunos psicólogos, esas relaciones terminan haciendo que se pierdan el respeto y la confianza. Y al final suelen quedarse con la sensación de que “eso” no los hizo felices.

Alejandro Cortés González-Báez

www.padrealejandro.org

Siempre me he preguntado qué les habrá explicado Jesús a los discípulos por el camino a Emaús sobre su Pasión, por eso me puse a consultar los libros del Antiguo Testamento. Dice el Evangelio según San Lucas que el Señor les aseguró que era necesario que el Cristo padeciera. “Y comenzando por Moisés y por todos los profetas les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a él” (Lc 24,27).

Los cuatro evangelistas nos hablan de las horas en las que Jesús sufre y muere en la cruz. Lo singular de estas narraciones es que están llenas de alusiones y citas del Antiguo Testamento.

En su libro sobre Jesús de Nazaret (II), Benedicto XVI nos hace ver que San Mateo contiene enseñanzas y hechos que iluminan el misterio de la reprobación de Jesús, el Mesías prometido, por parte de los dirigentes judíos. El evangelista va exponiendo de diversas maneras ese misterio y muestra cómo esos acontecimientos están previstos y anunciados por los profetas, y son su cumplimiento.

Es interesante comprobar cómo se portaba la iglesia naciente respecto a los hechos de la vida de Jesús. Lo que Cristo había enseñado a los discípulos de Emaús, se convierte ahora en el método fundamental para comprender la figura de Jesús: todo lo sucedido respecto a Él es cumplimiento de la “Escritura”. Sólo se le puede comprender basándose en la “Escritura”, en el Antiguo Testamento.

La muerte de Jesús en la Cruz no es una casualidad. Es un acontecimiento en el que se cumplen las Escrituras”. Hay un caudal enorme de testimonios que confluyen en el trasfondo de la muerte de Jesús en la Cruz, entre los cuales el más importante es el cuarto canto sobre el siervo de Dios (Is 53,3-12).

En la narración de la Pasión se encuentran intercaladas múltiples alusiones a los textos veterotestamentarios. Dos de ellos son de fundamental importancia porque iluminan todo el arco del acontecimiento de la Pasión: son el Salmo 22 y el libro del profeta Isaías 53.

 Jeremías dice: “Yo, como manso cordero llevado a inmolar, ignoraba las maquinaciones que tramaban contra mí” (Jer 11,19).

Jesús fue vendido por treinta monedas de plata. El profeta Zacarías lo anuncia al decir: “Ellos pesaron mi paga, treinta siclos de plata” (Za 11,12).

“A Jesús le escupían, le quitaban la caña y le golpeaban en la cabeza”, dice San Mateo 27,30. El profeta Isaías escribe: “He ofrecido mi espalda a los que me golpeaban, y mis mejillas a quienes me arrancaban la barba. No he ocultado mi rostro a las afrentas y salivazos” (50,6).

Entre los oprobios que sufre está el escarnio de la gente (Salmo 22,8; v. 29), la burla por invocar a Dios (Salmo 22,9; vv. 31-32.36).

Después de crucificarlo, se repartieron sus ropas echando suertes. El Salmo 22 dice: “se reparten mis ropas y echan a suertes mi túnica” (v. 19). Los que pasaban le injuriaban moviendo la cabeza. En ello se cumple también el Salmo 22: “Al verme, todos hacen burla de mí, tuercen los labios, mueven la cabeza” (v. 8).

Cuando Jesús dice: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”(Mt 27,46), repite el Salmo 22,2: “¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?”.

El Evangelio narra que le dieron a beber vinagre. En el Salmo 69 se lee: “Me daban hiel por comida, cuando tenía sed me escanciaban vinagre” (v. 22).

San Juan cita al final de su relato de la crucifixión unas palabras del profeta Zacarías: “mirarán al que traspasaron” (Za 2,10). Al principio del Apocalipsis, dice Benedicto XVI, estas palabras se aplican al retorno del Señor: Lo verán incluso los que le traspasaron (cf. Ap 1,7).

El velo del Templo se rasgó en dos de arriba abajo y la tierra tembló. Era un velo de púrpura violácea (Ex 26,31). El triunfo de la misión de Cristo lo ve Marcos en dos acontecimientos: la ruptura del velo del Templo (v. 38), que simboliza la desaparición de las barreras entre el pueblo de Dios y los gentiles (cfr. Salmo 22,31), y la confesión de la divinidad de Jesús por parte de un gentil: el centurión que estaba allí (v. 39).

El encuentro de los discípulos de Jesús con Jesucristo representa el modelo de una catequesis que tiene por centro la explicación de las Escrituras, que sólo Cristo es capaz de dar, mostrando en sí mismo su cumplimiento. De este modo renace la esperanza en aquellos discípulos, testigos convencidos del resucitado, (cfr, Isaías 53, 4-5 y 12; Lc 24, 13-35).

Cuando se dice que Jesús ha resucitado según las Escrituras, se mira sin duda al Salmo 16: “No abandonarás mi alma en el seol, ni dejarás a tu fiel ver la corrupción” (v. 10).