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Una de las cosas que dan más alegría es tener amigos. Los amigos contribuyen al fortalecimiento de la identidad y protección de nuestra salud y futuro. Constituyen un oasis en medio del mundo real, lleno de tempestades y obstáculos. Los amigos nos ayudan a llenar los vacíos emocionales y nos ayudan a recordar quienes somos realmente.

Una madre de familia le decía a su hijo: “Enséñame a tus amigos y yo te enseñaré tu futuro”. Otra madre de familia comentaba: “Los hijos son educados de la misma manera y con las mismas circunstancias. Observo que luego se van diferenciando por varias influencias que reciben y, entre ellas, quizás la más importante sean las amistades que eligen”.

Con profunda intuición, San Jerónimo aconseja evitar las amistades equívocas o que disipan ya que “a duras penas lograrás corregirte de las cosas a las que a las que te vas acostumbrando tranquilamente”.

La amistad es el instrumento mediante el cual Dios revela a cada uno las bellezas de todos los demás. C.S. Lewis dice que resulta imposible amar a un ser humano simplemente demasiado. El desorden proviene de la falta de proporción entre ese amor natural y el amor de Dios. Es la pequeñez de nuestro amor a Dios, no la magnitud de nuestro amor por el hombre, lo que lo constituye desordenado.

Hace unos años le preguntaron a una muestra de jóvenes de Londres y de Bostón: “¿Qué te haría feliz?”. El 80% contesto: el dinero. El 50% contestó: ser famoso. Siguieron en contacto con la muestra, y cincuenta años después les preguntaron a esos mismos jóvenes: “¿Qué te hizo feliz?”. Y contestaron que las relaciones interpersonales, que se dividen en tres tipos:

  • Convivencia con la sociedad: cuando hay calidad en las relaciones.
  • La amistad con quienes vivo: Padres, hijos, cónyuge, compañeros, cuando hay capacidad para resolver conflictos.
  • Saber que cuento con alguien que va a ver por mi en la vejez, que alguien me va a ayudar si pasa algo.

 

Después de decenas de años de investigación, en la Universidad de los Ángeles, se identificó que existen sustancias químicas producidas por el cerebro que ayudan a crear y mantener lazos de amistad.

Los investigadores se sorprendieron con los resultados del estudio. Cuando es liberada la hormona oxitocina como parte de la reacción frente al estrés, los amigos sienten la necesidad de agruparse. Y cuando los amigos se juntan, se produce una cantidad aún mayor de oxitocina, de dopamina (estimula el amor y la ternura) y de fenilananina (genera entusiasmo y alegría), que reducen el estrés más agudo y más bien provocan sensaciones agradables y divertidas.

Paralelamente, otro estudio demostró que los lazos emocionales auténticos, sinceros y leales, contribuyen a reducir riesgos relacionados con la presión arterial

y el colesterol.

Tener amigos nos ayuda no solo a vivir más, sino también a vivir mejor. Un estudio sobre la salud indica que cuantos más amigos tengamos, mayores son las probabilidades de llegar a viejos sin problemas físicos y con salud plena.

La amistad ayuda a superar los momentos críticos, como la muerte del cónyuge o de un pariente cercano, y se percibió que quien puede confiar en un ser muy amado, o en sus amigos, reacciona y se recupera en un lapso menor que aquéllos que no tienen nadie en quien confiar. La amistad constituye una excelente fuente de alegría, fuerza, salud y bienestar.

La mujer conecta con cada persona de los modos más diversos, y brinda sistemas de apoyo que ayudan a manejar el stress y las dificultades de la vida. Esta cualidad de la mujer ayuda a los demás a crear serotonina, un neurotransmisor que ayuda a combatir la depresión y a crear un estado general de bienestar. Las mujeres suelen compartir sus sentimientos, mientras que el hombre es más cerebral y crea relaciones para la actividad, pero raramente habla de lo que siente. El varón habla del trabajo, del estudio y de los hobbies, pero de sus sentimientos raramente habla. En cambio, las mujeres siempre hablan de ellos.

Los varones piensan que cuando hacen ejercicio están fortaleciendo el cuerpo, y es verdad, pero también lo fortalecen cuando salimos con amigos. En resumen, la capacidad de hacer y mantener amistades ayuda a la salud, y no tener amigos es tan peligroso para la salud como el vicio de fumar o tomar.

Es voluntad de Dios que el ser humano se desarrolle en comunión con sus semejantes. En la misma naturaleza humana está inscrita la necesidad de crear y mantener lazos de solidaridad con los demás. Ahora bien, hemos de entender la amistad en el sentido más pleno, no solamente para dar cariño sino para comunicar la Verdad. La amistad se puede transformar en vehículo para transmitir el tesoro divino que llevamos dentro.

((Si resulta largo, aquí se le puede cortar))

Cuando tenemos una conversación profunda con algún amigo o amiga, vemos que no hay deleite mayor. El “yo profundo” tiene una indecible fascinación, y es en el encuentro amistoso donde no se teme liberar el secreto sentido de su ser. San Agustín hace un elogio de la amistad. Escribe: “Dos cosas son necesarias en este mundo: la vida y la amistad. Dios ha creado al hombre para que exista y viva: en eso consiste la vida. Mas para que el hombre no esté solo, la amistad es también una exigencia de la vida (San Agustín, Sermón 16,1, PL 46, 870). Y además, si no tenemos amigos, ninguna cosa de este mundo nos parecerá amable.

El 11 noviembre de 1974, el Papa Paulo VI dijo: El misterio de la iniquidad está contaminado y es contaminante, está pervertido y es pervertidor. Se juntan tres amigos católicos y un drogadicto, ¿quién cambia al otro? Muchas veces prevalece el mal por falta de convicciones de los creyentes. Los buenos amigos, curan; los malos amigos, contaminan, pervierten.

Las amistades pueden ser una escuela de virtud, pero también una escuela de vicio, como se ve en las llamadas “amistades tóxicas” o “malas compañías” que llevan a alejarnos de la felicidad, de la verdad y del bien. A veces a alguien que creemos nos ama bien, en realidad nos aleja del fin para el que estamos hechos. Estamos hechos para ir al Cielo y una mala amistad o un mal amor, nos desvía; es decir, nos puede hacer perder la felicidad eterna.

 

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¿Por qué le fue tan mal a Peña Nieto en sus decisiones? Por muchas razones, un a de ellas, por no leer libros. No tiene cultura. Muchos aprecian los buenos libros. Borges escribió: “Uno llega a ser grande por lo que lee y n o por lo que escribe”. Thomas Carlyle afirma: “La verdadera universidad en nuestros días consiste en una colección de libros”. Ricardo León enfatiza: “Los libros me enseñaron a pensar, y el pensamiento me hizo libre”. Una mujer famosa, Elizabeth Barrett B. dejó dicho: “Ningún ser humano que tenga a Dios y tenga libros tiene derecho a considerarse falto de amigos”. Günter Grass observa: “No hay espectáculo más hermoso que la mirada de un niño que lee”. Nuestro filósofo José Vasconcelos oaxaqueño pensaba así: “Un libro, como un viaje, comienza con inquietud y se termina con melancolía.

Hay libros que le cambian a uno la vida, como le sucedió a San Agustín con el Hortensius, de Cicerón. Aunque no todos los libros van a marcar un antes y un después tan neto en nuestra vida, lo que leemos nos cambia: nos afina el alma, o nos la embota; nos abre horizontes o nos los estrecha. Nuestra personalidad refleja de algún modo los libros que hemos leído como los que no hemos leído.

Quien a lo largo de los años se nutre de lecturas selectas, clásicas, adquiere una mirada abierta sobre el mundo y las personas, sabe medirse con la complejidad de las cosas, y desarrolla la sensibilidad necesaria para dejar de lado la banalidad y no pasar de largo ante la grandeza.

Hablar de lo que se lee enriquece la vida familiar y las conversaciones con amigos. La cultura general abre al mundo de la conversación. Sin cultura, todo este mundo aburre, y acaba siendo ajeno. Se acaba viviendo sin saber qué sucede. (Juan Luis Lorda, Humanismo. Los bienes invisibles, Rialp, Madrid 2009).

Por muchas razones los libros ocupan un lugar fundamental en la vida cultural de los hombres. Los argumentos, historias, ejemplos y metáforas que aprendemos en los libros llenan de razones y de palabras nuestro andar diario. Las actitudes que desarrollamos en la lectura —deseo de aprender, búsqueda permanente, discernimiento, descubrimiento de conocimientos nuevos— ayudan a enriquecer la interioridad propia y las conversaciones.

“En la ciencia, lea de preferencia los trabajos más nuevos; en literatura haga lo contrario. Los libros clásicos siempre son lo más moderno que encontrará”, escribía el novelista Edward Bulwer-Lytton a un amigo que le consultada sobre lecturas.

En los libros aprendemos a transmitir conocimientos, a expresar sentimientos, a compartir experiencias. En particular, los grandes libros ayudan a comprender con mayor profundidad el alma humana. Los grandes genios del arte literario son aquellos que han acertado a contar el drama que acontece en el corazón del hombre de todos los tiempos: el amor y el dolor, la miseria y la grandeza y la lucha del corazón. De entre todos los libros, los mejores son los clásicos. Clásico es aquel libro que se ha convertido en muestra representativa de la época en que fue escrito y que marcó el camino para las siguientes generaciones de escritores y de lectores. Estos clásicos son como puertos adonde todo lector puede llegar para quedarse largo tiempo, cuando se ha fatigado en el mar de las novedades editoriales. Entre los autores clásicos están: Dante Alighieri, Homero, Horacio, Esquilo, Cervantes, Lope de Vega, Shakespeare, Charles Dickens, Dostoyewski , Tolstoi, Tirso de Molina, Calderón de la Barca, Saint-Exupery, etc.

Los grandes libros permiten compartir experiencias de gran valor; permiten conocer personalidades como la de Hamlet o la de don Quijote; descubrir, a través de las mitologías antiguas, tentativas de respuesta a interrogantes existenciales; disfrutar con el amor a la naturaleza que late en las novelas de Tolkien; acercarse a la Roma de Nerón con Henryk Sienkiewicz; penetrar en el proceso de una conversión como en Las Confesiones de San Agustín, o en la búsqueda de sentido de Viktor Frankl.

El encuentro con un libro supone para millones de personas el umbral de entrada al mundo de la verdad, de la belleza y de la libertad. Más aún, la vida del mismo Dios nos ha sido narrada en un libro.

El cultivo de las humanidades ayuda a adquirir hábitos de contemplación estética o intelectual. La Literatura, la Historia, la Filosofía, el Arte y tantas otras disciplinas, cultivan aspectos de la inteligencia o de la sensibilidad, importantes para el desarrollo humano.

Un libro no es sólo un producto, y el lector no es sólo un consumidor. Las lecturas condicionan nuestro modo de pensar; y éste determina nuestra forma de vivir, por eso es fundamental elegir bien. Las decisiones en este campo no son actos moralmente indiferentes, porque las consecuencias no lo son. Hemos de ser prudentes al elegir nuestras influencias. Seleccionar lo valioso, lo que merece la pena, lo que es coherente con mis convicciones. La producción editorial es muy amplia. No todo es valioso y útil. Hay que saber elegir pues la vida es corta y no podemos leer todo. Toda selección lleva consigo una elección y una renuncia.

 

 

San Juan Pablo II declaró: “La aparición de María de Guadalupe al indio Juan Diego en la colina del Tepeyac, el año de 1531, tuvo una repercusión decisiva para la evangelización. Este influjo va más allá de los confines de la nación mexicana”. El Acontecimiento Guadalupano, como lo llama Mons. Eduardo Chávez, se verifica en un momento y en un lugar determinado. Dios intervino y sigue interviniendo en la historia por medio de su Madre. Diez años después de consumada la conquista, en 1521, se acabaron los ritos religiosos de sacrificios humanos, que los mexicas realizaban con el fin de “alimentar” a sus dioses, y así el ciclo de la vida pudiera continuar. Cuando esos sacrificios se acabaron, temieron que un cataclismo cósmico sobreviniera, pero ante sus ojos atónitos, no ocurrió así.

La derrota promovida por los españoles no había sido sólo militar, sino que provocó un derrumbe moral, espiritual, cultural y religioso. Los naturales sentían que habían perdido la fama y la gloria, que los dioses en quienes habían confiado los habían abandonado. Se sentían tan deprimidos que ya no querían traer hijos al mundo.

Era enorme el reto que debían enfrentar un puñado de franciscanos ante los millones de naturales del destrozado imperio azteca. Su primer esfuerzo fue extraordinario para que sobrevivieran, sin embargo, la tarea los rebasaba del todo. En ese momento los evangelizadores no llegaban a treinta, si bien habían sido elegidos por su vida ejemplar y santa, no podían consolar a millones de indígenas que sufrían un fuerte trauma pues sus dioses habían muerto. Los frailes se esmeraban también por defender a los indígenas de los maltratos de los españoles. También trataban de que la avaricia de los españoles no destruyera la misma comunidad española, pues la Primera Audiencia fue corrupta y denigraba a la gente. Fray Juan de Zumárraga se vio obligado a excomulgar a los miembros de la Primera Audiencia y lanzar el entredicho a la ciudad. El obispo Zumárraga escribía al Rey Carlos I de España y V de Alemania: “Si Dios no provee con remedio de su mano está la tierra en punto de perderse totalmente…” (cfr. E. Chávez, La mujer que cambió el rostro del hemisferio, ISEG).

Y Dios interviene con el ser más amado: su propia Madre, quien elige a Juan Diego para ser su mensajero el 9 de diciembre de 1931. Pide una casita para ofrecer allí todo su amor que es su propio Hijo, Jesucristo, y esto debía ser aprobado por el obispo Fray Juan de Zumárraga. Juan Diego desplegó gran paciencia y fortaleza ante las dificultades. El obispo pide una señal y Juan Diego regresa al Tepeyac para pedir la señal solicitada. Pero Juan Diego no llega a la cita porque su tío Bernardino enferma gravemente. El martes 12 de diciembre sale de prisa, queriendo evitar el encuentro con la Virgen, y le da la vuelta al cerro, pero la Virgen lo ataja y le dice dulcemente: “Escucha, ponlo en tu corazón, hijo mío, el menor, que es nada lo que te espanta, lo que te aflige; que no se turbe tu rostro, tu corazón; no temas esta enfermedad ni ninguna otra enfermedad, ni cosa punzante aflictiva. ¿No estoy aquí yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Tienes necesidad de alguna otra cosa? (cfr. Nican Mopohua). Y la Señora del Cielo le aseguró que su tío Bernardino ya estaba sano (como él comprobó más tarde). Juan Diego cree y acepta ir a llevar al obispo la señal solicitada. La Virgen le pidió que fuera a la punta del cerro y cortara flores y las pusiera en su tilma. Él subió y vio con asombro, en ese cerro seco, rosas de Castilla de diversos colores, las cortó y las bajó. La Virgen acomodó cada una de las rosas en su tilma y lo envió a buscar al obispo.

Tuvo que esperar varias horas para ser recibido. Cuando Juan Diego finalmente entró y extendió su tilma ante el obispo, en ese momento se imprimió en su tilma la hermosa imagen de Nuestra Señora, lo que fue una sorpresa para todos, empezando por Juan Diego, el obispo y los presentes.

La imagen mestiza de la Virgen María envuelta de sol con la luna bajo sus pies, con manto tachonado de estrellas, es una imagen apocalíptica.  Este encuentro habla del inmenso amor de Dios para los indígenas y españoles. Se hace patente la intervención de Dios en la evangelización de América, de Filipinas y de otros países.

Esta imagen es un códice que entendieron perfectamente los indígenas. En el centro de su vientre está la flor de cuatro pétalos, que significa al Dios dueño de la tierra y del cielo. El códice les dice que no está todo perdido, que no se ha acabado su religión sino que se viene a perfeccionar lo que ellos creían, a través de Jesucristo y de suprimir los sacrificios humanos, ya no tenían que dar a sus hijos para los sacrificios –como lo venían haciendo con gran dolor-, ahora era Jesús quien tomaba ese lugar a través de su sacrificio en la Santa Misa, donde se renueva su Sacrificio del Calvario pero ahora es incruento, ya que Jesús está presente de modo glorioso.

En 1539, ocho años después de la aparición, se habían bautizado cerca de nueve millones de indígenas. Fray Gerónimo de Mendieta, en su Historia Eclesiástica Indiana, narra que “muchos recibían aquel sacramento con lágrimas”, y venían de muy lejos “no los compeliendo nadie, a buscar el sacramento del bautismo”.

Fuente: Eduardo Chávez, “La Mujer que cambió el Rostro del hemisferio”, 17 pp. Instituto Superior de Estudios Guadalupanos.

Black Rock es el dueño real de Pemex

https://youtu.be/ZNvyb66mgb8

Blackrock, el mayor banco del mundo -que es chino-, amenaza a México.

Casi es dueña de Pemex por sus convenios con los ex administradores de Pemex, con Lozoya y Peña Nieto,

y ahora presiona fuertemente al Presidente para que no eche marcha atrás en los tratados. Pobre AMLO. Esto

ya lo había advertido Alfredo Jalife Rahm.

https://youtu.be/qPlwa-gRbkE

La Nueva Alianza

El Nuevo Testamento nunca se llama a sí mismo “nuevo testamento”. ¿De dónde le salió ese nombre?… de la nueva alianza. Lucas cuenta que Cristo, al consagrar, dice: “Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por ustedes” (Lc 22,20). Jesús usó la palabra “alianza” una sola vez: En la Última Cena. En griego es lo mismo decir “nueva alianza” que “nuevo testamento”. Entonces, el nuevo testamento es un sacramento, luego será el nombre de un documento. ¿Cuándo empezó el sacrificio voluntario de Cristo? Cuando celebró la Última Cena. ¿Cuándo terminó su Pascua? Cuando recibió, probó, el vinagre en la Cruz.

“La Eucaristía constituye el hilo de oro con el que, desde la Última Cena, se anudan todos los siglos de Última Cena, de la Historia de la Iglesia hasta nosotros (…). En este horizonte eucarístico, la Iglesia fundamenta su vida, su comunión y su misión” (Compendio del Catecismo de la Iglesia, p. 66).

Scott Hahn habla: Voy a compartir mi experiencia. Cuando tenía 13 años, tuve problemas con la ley pero tuve una experiencia que me cambió en un retiro. Empecé a recibir clases de Biblia con personas protestantes que querían profundizar en la Escritura, pero que tenían prejuicios anticatólicos. En Secundaria yo no era católica y amaba a mis amigos católicos porque actuaban con más libertad que nosotros, pero una vez convertido empecé a retarlos. Lo que nos dividía sobre todo era el reconocer o no la Misa como sacrificio. Algunos preguntaban: “¿En dónde encuentras en la Biblia el fundamento de que la Misa es un sacrificio?”. Yo no intentaba antagonizar, intentaba sinceramente llevarles a la verdad pero con poca humildad.

El sacrificio de todos los tiempos empieza en el calvario. En esto hay tierra común entre católicos y protestantes. Allí se da el sacrificio más perfecto de todos los tiempos.

Después de preparatoria estudié griego y hebreo. Había muchas personas el Viernes Santo que vieron el sacrificio de Cristo, al volver a casa, muchos de ellos no describieron eso como sacrificio sino como una ejecución romana tortuosa. ¿Por qué? Porque se llevó a cabo fuera de los muros de la ciudad, fuera del Templo. Los dónde está la base bíblica de la Santa Misa, y está precisamente en ese sacrificio, porque la Misa es la renovación del sacrificio de Cristo en la Cruz. Está en un discurso de Pedro, en los Hechos y en 1 Cor 5. Allí Pablo explica que cristo, nuestra Pascua, fue sacrificado, por eso la Eucaristía es es un memorial. Esto es lo único que da sentido a esta injusta ejecución. Solamente cuando vamos a la institución de la eucaristía el Jueves Santo, vemos que Cristo cumple su promesa. Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Es la Nueva Pascua, el nuevo Cordero. En esa cena pascual habla de que eses es su Cuerpo que será entregado, habla en futuro.

En Lucas 22, 19 el autor sagrado dice que Cristo rompió el pan y lo entrega como la nueva alianza en su sangre. En 1 Cor, 11 Pablo explica la fracción del pan, y dice que Cristo afirma: Esta es la sangre del nuevo testamento que será entregada por ustedes… Hagan esto en memoria mía hasta que vuelva. Después de la tercera copia cantaban el Hallel. No toman la cuarta copa, que es la capa de la consumación.

Jesús interrumpe la liturgia, parece que la transforma y salen de allí. ¿Es un nuevo ritual? No lo sabían. Después del Domingo de Resurrección, el Espíritu Santo les ayuda a comprender el nuevo significado de todo eso. Así se comprende que el sacrificio empezó el Jueves Santo. “Hagan esto en memoria mía”. ¿Qué? El Nuevo Testamento. Eso hay que preguntar a los protestantes: “¿Qué entiendes por Nuevo Testamento?”, porque nuevo testamento es nueva alianza. El Nuevo Testamento nunca se refiere a sí mismo como Nuevo Testamento, no se refiere a un libro sino a un sacramento.

Somos los cristianos del Nuevo Testamento, es decir, del sacramento de la Eucaristía. Jesús no les mandó “escribir” –¡qué bueno que lo hicieron!-, les mandó predicar y “hacer” esto (le eucaristía) en memoria mía. Todos los apóstoles predicaron e hicieron eso –la fracción del pan- en memoria suya. Fueron fieles a esa misión por décadas. Empiezan a escribir cuarenta o cincuenta años después. Los más tempranos de los escritos son las Cartas de San Pablo. Luego lo llaman Nuevo Testamento porque los documentos se usan en la liturgia y se refieren a la Eucaristía. Estos libros enseñan a los catecúmenos qué están haciendo, así iluminan que Dios no dio su vida el Viernes sino desde el Jueves santo y la dio por amor.

Hay gente que va a Misa los domingos porque piensa que la gente buena va a Misa. ¡Y sucede que es mucho más que eso! Es el ofrecimiento de Jesús en sí y se han de hacer como memorial. A los apóstoles y sus sucesores les da el poder de confeccionar la eucaristía a través del sacramento del Orden sacerdotal. La eucaristía no es un símbolo, es una realidad.

La Misa nos hace estar presentes en el calvario, pero Cristo ya no sufre, pero Cristo está presente allí, glorioso. Recibir la comunión es recibir al Señor vivo, resucitado, glorioso. ¿Por qué sufrir y morir es redentor? Hay que meditarlo. Cristo tenía que morir y lo quiso así por amor a nosotros.

El Jueves santo está unidos inseparablemente con el Viernes santo. Sólo el Jueves santo puede transformar una ejecución romana en un sacrificio, el mayor de todos, el sacramento de vida. Trae al presente a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Los mártires dieron la vida por su fe. Podemos morir cada día cargando con alegría la Cruz, porque somos los más bendecidos de todos los cristianos. Hemos de estar orgullosos de ser católicos.

Scott Hahn explica que el sufrimiento en sí mismo no satisface la justicia divina. El amor transforma el ofrecimiento de Cristo en sacrificio, en la Eucaristía. Los sacrificios del hombre hechos por amor se hacen sacrificios sagrados. El amor sin sacrificio es puro sentimiento.

Obrador revela que petroleros construyeron infraestuctura para robar gasolina a Pemex: 11 min.

Huachicoleo https://youtu.be/39g8rt8xP3Y

Hay bodegas donde ordeñan ductos. Hay una red paralela con ramales. El sindicato tiene el monopolio de las pipas distribuidoras.

Tradicionalmente, la semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra del 18 al 25 de enero. En ella, de forma solemne y conjunta, nos reunimos en el nombre de Jesucristo para pedir que las divisiones sean superadas y la unidad se convierta en una realidad plena y visible. Es decir, durante esta semana, los cristianos católicos, ortodoxos y protestantes de todas las denominaciones están invitados a rezar juntos por su unidad.

Son unos días de súplica a la Santísima Trinidad pidiendo el pleno cumplimiento de las palabras del Señor en la Última Cena: “Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros” (Juan 17,11). La oración de Cristo alcanza también a quienes nunca se han contado entre sus seguidores. Dice Jesús: Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño con un solo pastor (Juan 10, 16).

¿Con qué Papa se inició el Octavario? La práctica de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos fue introducida en 1908 por el padre Paul Wattson, fundador de una comunidad religiosa anglicana que luego entró en la Iglesia católica. La iniciativa recibió la bendición del papa san Pío X y fue luego promovida por el papa Benedicto XV. Este Papa dijo: “La Iglesia no es latina, ni griega, ni eslava, sino católica: no hay diferencia entre sus hijos”.

Benedicto XVI ha pedido a cada cristiano que se responsabilice por la unidad de los cristianos. Esa unidad empieza por la unidad en mi casa y con mis hermanos. Por nosotros mismos no somos capaces sino de sembrar la discordia y la desunión. Dios nos sostiene para que sepamos ser instrumentos de unidad, personas que saben disculpar y reaccionar sobrenaturalmente.

Nuestro Señor funda su Iglesia sobre la debilidad –pero también sobre la fidelidad- de unos hombres, los Apóstoles, a los que promete la asistencia constante del Espíritu Santo.

En 2008 el Papa Benedicto XVI dijo que la misión de la Iglesia en estos momentos pasa por el avance en el camino ecuménico. El pontífice exhortó: «¡No tenemos que cansarnos nunca de rezar por la unidad de los cristianos!»… «Cuando Jesús, durante la Última Cena, rezó para que todos “sean uno”, tenía un fin preciso: “para que el mundo crea”», explicó recordando el pasaje evangélico de Juan 17, 21.

«La misión evangelizadora de la Iglesia pasa por tanto por el camino ecuménico, el camino de la unidad de fe, del testimonio evangélico y de la auténtica fraternidad», aseguró el obispo de Roma».

Benedicto XVI, en la audiencia del 18 de enero de 2012 dijo: El mismo Señor Jesús oró durante la Última Cena, antes de su pasión: “Te pido que todos sean uno. Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros, de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado”. En otro momento este Papa dijo que la unión de los cristianos era obra del Espíritu del Santo, y no se sabe cuándo nos dará ese don.

En el Octavario por la Unión de los Cristianos pedimos por nuestros hermanos separados; hemos de buscar lo que nos une, pero no podemos ceder en cuestiones de fe y moral. Junto a la unidad inquebrantable en lo esencial, la Iglesia promueve la legítima variedad en todo lo que Dios ha dejado a la libre iniciativa de los hombres. Por eso, fomentar la unidad supone al mismo tiempo respetar la multiplicidad, que es también demostración de la riqueza de la Iglesia.

En estos días pedimos al Señor que acelere los tiempos de la ansiada unión de todos los cristianos. ¿La unión de los cristianos?, se preguntaba San Josemaría Escrivá. Y respondía: sí. Más aún: la unión de todos los que creen en Dios. Pero sólo existe una Iglesia verdadera. No hay que reconstruirla con trozos dispersos por todo el mundo (Homilía, Lealtad a la Iglesia).

Desde hace siglos la Iglesia está extendida por los cinco continentes; pero la catolicidad de la Iglesia no depende de la extensión geográfica, aunque esto sea un signo visible. La Iglesia era Católica ya en Pentecostés; nace Católica del Corazón llagado de Jesús. Ahora, como entonces, extender la Iglesia a nuevos ambientes y a nuevas personas requiere fidelidad a la fe, y obediencia rendida al Magisterio de la Iglesia.

El Octavario concluye conmemorando la conversión de San Pablo. El martirio de San Esteban, dice San Agustín, fue la semilla que logró la conversión del Apóstol. Dice textualmente: “Si Esteban no hubiera orado a Dios la Iglesia no tendría a Pablo” (cfr. S. Agustín, Serm, 315,7).

En su encíclica Ut unum sint, de San Juan Pablo II, el Papa dice que Cristo llama a todos sus discípulos a la unidad. A nadie escapa el desafío que eso supone. Un insuficiente conocimiento recíproco agrava esa situación. Entonces ay que ponerse a la escucha del Espíritu del Señor, que enseña a leer atentamente los “signos de los tiempos”. En un largo escrito Benedicto XVI concluye que la unidad es obra del Espíritu Santo.

La frase bíblica para 2019 es: “Actúa siempre con toda justicia” (Dt 16,18,2). La corrupción –entre otras cosas- socava la justicia.