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Archive for the ‘matrimonio’ Category

La perspectiva de género

En la perspectiva de género cualquier actividad sexual resulta justificable y, a través de la educación, pretenden enseñar a los niños todas las técnicas posibles que den placer sexual. Esta ideología es un instrumento del poder mundial.  Las consecuencias son: disolución de la persona, de la familia y de la nación.  Es quizá la ideología más radical de la historia porque destruye al ser humano en su núcleo más íntimo. Es la más sutil porque usa una propaganda para cambiar las mentes y los corazones de los hombres sin aparente derramamiento de sangre. No busca la verdad.

Su estrategia está en que usan un nuevo lenguaje cuya función es asegurar la confusión.  Se cree que el mundo necesita: menos personas y más placer sexual; la eliminación de las diferencias entre hombres y mujeres, el intercambio de roles, etc.

La receta para la salvación del mundo, según ellos, es:

  1. Anticonceptivos gratuita y aborto legal.
  2. La promoción de la homosexualidad y de “derechos nuevos” (que no existen).
  3. Cursos de educación sexual para promover la experimentación sexual entre niños, desde el Kinder. Quieren la sexualización temprana y prematura para quebrantar voluntades.
  4. Eliminación de los derechos de los padres de modo que éstos no puedan impedirles tener sexo; educación sexual “comprehensiva o amplia”, anticonceptivos y abortos. Quieren a todas las mujeres en la fuerza laboral y desacreditar todas las religiones que se opongan a esta agenda.

Cicerón decía: “Para distinguir la ley buena de la mala no tenemos más que la naturaleza”. Se nos quieren imponer una dictadura a través de la legislación, aprueban unas leyes arbitrarias –sobre discriminación, educación sexual, mala interpretación del uso de la libertad, etc.-, para luego perseguirnos porque no las cumplimos. Y luego vendría la dictadura del movimiento gay

CONCLUSIONES: Ni la mujer ni el varón pueden ir en contra de su propia naturaleza sin hacerse desgraciados. La ruptura con la biología no libera a la mujer, ni al varón; es más bien un camino que conduce a lo patológico. Es un hecho biológico que solo la mujer puede ser madre, y sólo el varón puede ser padre. La procreación se encuentra ennoblecida en ellos por el amor en que se desarrolla. Hay que saber que el factor común de las desviaciones sexuales y de la adicción a la droga es la pornografía.

Los derechos humanos de los homosexuales son indiscutibles, imprescriptibles, irrenunciables, universales, como todo derecho humano, por el simple hecho de que los homosexuales son personas. No somos homofóbicos. Los homosexuales tienen todo el derecho de ser respetados como seres humanos, pero saben muy bien que son incapaces de aportar nuevas vidas a la sociedad.

El llamado “matrimonio” entre personas del mismo sexo no es de interés público. No aporta nada a la sociedad. Es un privilegio, es decir, una ley privada que no es aplicable a todos, según la Teoría del Derecho. Este proyecto representa, en el fondo, un conjunto de intereses políticos y económicos muy poderosos. Su argumentación es de una pobreza que da pena. Y hay que ver las cifras multimillonarias que reciben los colectivos LGTTG de organismos de la ONU, del Banco Mundial y de empresas multinacionales. Además, la perspectiva de género ha provocado modificaciones legales que hieren gravemente la dignidad del matrimonio, el respeto al derecho a la vida y la identidad de la familia. La ideología de género destrona a la persona de su propia identidad; es un camino de autodestrucción.

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divorcio-aUn estudio de la University College Dublin reveló que los efectos del divorcio son más dañinos para los hijos que la muerte de uno de los progenitores. La investigación demostró que los hijos de padres divorciados o separados son más propensos a sufrir una depresión, tener problemas en la escuela, y desarrollar menos habilidades sociales en comparación con otros niños. Sin embargo, su resultado más sorprendente es que la sensación de pérdida que se experimenta como resultado de un divorcio es mayor que la experimentada con la muerte de un padre.

DROGAS Y FAMILIA

“La proporción de adolescentes que han probado la marihuana se duplica entre los que viven en familias monoparentales o recompuestas, y se triplica en los que viven sólo con el padre. Los adolescentes cuyos padres permanecen casados son los menos inclinados a fumar o beber.  Las estadísticas muestran que -con independencia de la edad, la raza, el sexo y los ingresos familiares- la probabilidad de consumir drogas o alcohol es claramente inferior para los adolescentes que viven con padre y madre naturales. ¿Por qué la desintegración familiar favorece el consumo de drogas por parte de los adolescentes? Probablemente por muchos motivos. Los más destacados son que hay mayor tensión en la familia, que los padres vigilan menos y que se debilita la unión afectiva con el padre”. Escribe: Clemente Ferrer Roselló, Madrid, ESPAÑA.

En una entrevista con el Irish Examiner, la autora de la investigación, Patricia Casey, aseguró que los niños sí sufren por la separación y el divorcio; y señaló que su intención es corregir la idea difundida de que la separación es una alternativa positiva para las parejas que atraviesan por un matrimonio “malo”. Según Casey, la investigación revela que éste no es el caso. “Nadie debería engañarse con la idea de que el divorcio es fácil”, agregó y sostuvo que “mantener un mal matrimonio juntos es difícil, pero proteger a los hijos después de un divorcio puede ser aún más complicado. Las parejas necesitan darse cuenta de esto”.

Casey citó estudios que confirman sus resultados como el elaborado por Judith Wallerstein de la Universidad de California en Berkeley.

Otro estudio serio sobre el divorcio que están en Internet –en inglés- es el elaborado por The Heritage Foundation, titulado “Los Efectos del Divorcio en América”, que revela que los hijos de los divorciados sufren más abusos, presentan más problemas de salud, conducta y emocionales, y son más propensos a caer en crímenes y abuso de drogas.

Este último informe, en inglés, puede leerse en http://www.heritage.org/Research/Family/BG1373.cfm

Joseph Smith

 

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p-2-5a7f6c306aa8a0745ddabb20ef954477El matrimonio puede ser un camino de felicidad, pero hay que ser exigentes. Si tienes novio o novia, pregúntate “¿lo conozco?”. Porque muchas veces salen y entran pero no se conocen a fondo. Hay que saber cuáles son sus creencias en el terreno espiritual, qué piensa de la libertad, cómo piensa en general, a qué aspira. Hay que pasar bastantes horas hablando. Hay parejas a las que les sobra cama y les falta sofá. El amor no resuelve los problemas psicológicos, eso se arregla con el especialista.

El rostro, la cara de una persona es programática, anuncia la vida. Las personas inteligentes se enamoran no sólo de lo de fuera –de la belleza exterior-, sino de lo de dentro –de la belleza interior de esa persona-, de sus valores.

Dos personas se conocen y ven que tienen intereses comunes, pero eso no basta, hay que ver si esa persona quiere comprometerse o no. Naturalmente buscamos un amor que dure toda la vida; somos libres y estamos hechos para el compromiso Sólo si somos libres podemos amar.

¿Cómo se llaman los que viven sin compromiso? Mediocres, homeless.

Hay novios que no tienen un proyecto, un “sueño”, no hay meta; lo suyo es “estar”. Si una persona se casa para ser feliz, se va a equivocar. Si se casan para hacer feliz al otro, van a acertar.

Antes de enamorarse hay que fijarse en dos cosas: en la personalidad y en el sistema de ideas y creencias. Deben de saber dónde van a pasar la Navidad, con qué familia, o si van a alternar, y estar de acuerdo en ello. Antes de casarse deben de hablar sobre las vacaciones, la educación de los hijos, sus posibles nombres, etc. Si no se habla de eso en el noviazgo, luego hay discrepancias en el matrimonio.

Hay un hecho: Él o ella te va a fallar. Ojalá que no falle en cosas serias. ¿Qué vas a hacer? ¿Le vas a perdonar?

Una mujer decía: “Para que a mi esposo no se le olvide nuestro aniversario –que ya se le ha olvidado- le pongo un recadito, un post-it.

Respecto a la personalidad, ¿cómo conocer el carácter del otro? Generalmente todos tenemos mal carácter. Ve como se lleva con sus papás y hermanos porque así va a tratar a los hijos; ve cómo trata a los demás, al gendarme, al policía, al que le abre la puerta, etc. A ti te trata bien porque quiere quedar bien contigo.

El amor es una cosa que se construye, no una cosa que se padece. Se puede aprender a querer, y también –cuando ha habido alguna dificultad-, a querer de nuevo, cuando hay voluntad de arreglar las cosas.

Una chica decía:

-“Mi novio es ateo, cubano y sin trabajo, y me voy a casar con él”.

Habló con ella hasta el empleado del Telmex. ¿Cuánto duró ese matrimonio? Menos de seis meses. ¿Qué hace sólida una relación? La complementariedad. Si el novio (a) no cree en Dios, garantiza poco, y si cree, garantiza algo más que el que no cree, pero nadie se debe de casar si no está 100% segura del amor y de la buena voluntad del otro.

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matrimonio-feliz-y-floresMontesquieu en Del espíritu de las leyes dice que antes de que se descubriera el radio del círculo éste ya existía, con lo cual considera que las leyes que elaboran los hombres, deben de estar de acuerdo con lo que las leyes naturales ya tienen establecido. Bacon considera que para domeñar a la naturaleza habría que someterse a ella. Esto significa que las leyes humanas deben de estar de acuerdo con las leyes de la naturaleza, con la finalidad de que el hombre pueda someterla, lo cual jamás se logra contradiciéndolas, como está sucediendo con la alteración del clima por no respetar la ecología.

La unión de dos homosexuales quebranta las leyes que la naturaleza tiene establecidas sobre el particular. Lucas Rivera dice que el matrimonio es una alianza, no un contrato, que marca el principio de una nueva vida. Es un nacimiento con todas las angustias y dolores de un nacimiento.

El matrimonio, dice Lucas Rivera, también es una resurrección, y así como la felicidad eterna no se concibe sino a través de la muerte, así también la felicidad matrimonial no se conquista sino cuando cada uno de los desposados se resigna a morir como soltero, abandonando su vida de egoísmo para resurgir a la vida de casados.

La idea de que el matrimonio es un mero contrato de naturaleza civil y de que, por consiguiente, no interesa más que a los contrayentes, es un concepto notoriamente erróneo. El matrimonio tiene mucha más fuerza obligatoria que cualquier contrato civil. Por medio de él los contrayentes establecen relaciones de parentesco y de solidaridad entre dos familias, forman una alianza que consolida la tradición, aportando a la nueva sociedad la herencia de las generaciones pasadas. Y mirando hacia el futuro, ayuda a la perpetuación de la especie, y en eso va la suerte de las generaciones venideras.

Las responsabilidades morales que se originan son de mucha mayor trascendencia que las civiles o pecuniarias.

Para los agnósticos hablaré en términos físicos. El matrimonio es sacramento. Soldar es unir materialmente dos cosas distintas que seguirán siendo extrañas. En Física, fundir es algo más que soldar. Así es el matrimonio.

Unirse no es matrimonio.

Tener hijos tampoco es matrimonio.

Firmar un contrato civil para legalizar la unión y reglamentar los bienes patrimoniales, no es matrimonio.

La esencia del matrimonio está en la voluntad perpetua de no formar más que una sola alma por la fusión de dos almas.

El matrimonio es el nacimiento de dos gemelos que vivirán y crecerán teniendo los mismos gustos, o cediendo en algunos de ellos. Y cuando después de largos años de vida íntima, los desposados se den cuenta de que ya no pueden pensar, ni obrar, ni gozar, ni sufrir cada quien por su lado, sino que todo lo hacen a dúo, entonces llegarán a comprender que eso es precisamente lo que constituye la felicidad matrimonial.

Y entonces sabrán que ésta no sólo consistió en casarse, sino en haber vivido juntos, en haber gozado y sufrido juntos, y en haber formado una sola carne en sus cuerpos, un solo espíritu con sus espíritus. Todo lo que impida esta unificación de los dos seres es contrario a los fines esenciales del matrimonio.

En la vida moderna tres grandes obstáculos se oponen a la felicidad matrimonial:

1º El egoísmo de los cónyuges que, aún jóvenes, creen que tienen derecho a gozar de la vida antes de tener hijos… Ni siquiera es cierto que los casados jóvenes gocen más de la vida sin hijos que con hijos, al contrario, los hijos contribuyen mucho a su unidad, y apartan a estos de la vida de pasión, que como toda miel hostiga, y como todo narcótico, acaba por enviciar.

2º Casarse pensando que tienen abierta la puerta del divorcio para escapar al primer asomo de borrasca. Debería de ser excepcional para un último e irremediable extremo. Mientras haya una mínima posibilidad de entendimiento, no debe desertarse abandonando el campo del hogar. El que se resuelve a no escapar de su hogar, lleva todas las posibilidades de conquistar la felicidad matrimonial.

3º El 99% de los varones casados creen que el problema de “su” felicidad personal consiste en imponerse, en mandar, en fajarse los pantalones. Los tiempos han cambiado. Se comienza a comprender que la cooperación intelectual de la mujer es tan importante como la del hombre. No puede concebirse la felicidad matrimonial a base de la obediencia de la mujer al hombre. Ambos deben prescindir de su voluntad individual en muchas ocasiones. En vez de una lucha de voluntades debe haber un concurso de renunciaciones.

Desgraciadamente no es sino muy tarde cuando los casados llega a comprender estas verdades fundamentales, dice Lucas Ribera, quien las resume así:

“En el matrimonio, la verdadera sabiduría consiste en la renunciación, y la suprema felicidad está en amar definitiva y dulcemente a la otra mitad de nuestra vida”.

Rubén Delgado Moya, “Requiem para el matrimonio y para el divorcio”, México 2016.

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Abre bien los ojos

ojosEl otro día, caminando por el parque cerca de mi casa, entablé conversación con una señora que regularmente hace ejercicio a la misma hora que yo.
En ese momento ella tenía gran necesidad de desahogarse y me platicó lo desdichada que era en su matrimonio. De lo que me dijo, una de las cosas que más me llamó la atención fue que si ella hubiera sabido cómo era su marido antes de casarse, nunca se hubiera casado con él. Hoy ya es demasiado tarde para lamentarme. Mis hijos quieren y necesitan de su padre, dijo la mujer.
Hay que saber elegir
Algunos de los problemas que existen en ciertos matrimonios -que inclusive terminan en divorcio y, además de hacer daño a los implicados, afectan terriblemente a los hijos, quienes tienen que vivir a diario los problemas de sus padres- se evitarían si en verdad durante el noviazgo la pareja abriera muy bien los ojos.
Esto no quiere decir que el éxito del matrimonio dependa únicamente de la elección hecha antes de casarse, ya que el esfuerzo diario en mantener vivo el amor y una buena comunicación tienen mucho que ver para que una pareja viva feliz.
Hay muchos motivos por los que una pareja decide contraer matrimonio, y aunque el más natural de todos es el amor, cuando éste se ve como un mero sentimiento y no como un acto de la voluntad humana, se comete un gran error.
Cuántas jóvenes piensan que por el amor que siente su pareja hacia ellas ésta cambiará y cuando se casen, ellos dejarán de ser borrachos, parranderos, mujeriegos y no sé qué tantas cosas más.
Es muy difícil que una persona cambie si no lo decide por sí misma. Por eso, más que pensar en cambiarlo, hay que estar conscientes de las cualidades y principalmente de los defectos que tiene la persona a la que se ama, y estar dispuesto a aceptar convivir con estos defectos toda la vida.
Compatibilidad de valores
Cuando una pareja decide empezar una relación de noviazgo, es porque existe una atracción mutua. En la gran mayoría de los casos, esta atracción es física o de carácter, pero a veces se olvida analizar qué tanta atracción hay en cuestión de valores, es decir, a qué se le da una importancia real en la vida. Para ello hay que tomar en cuenta la forma en que una persona es educada y sus antecedentes culturales.
Ahora entiendo por qué mi mamá me decía cuando iba de visita a la casa de mi novio: Fíjate muy bien cómo trata su papá a su mamá, porque así te va a tratar cuando te cases.
Nada más imaginen ustedes a una joven educada de manera independiente, donde sus opiniones son siempre tomadas en cuenta, casada con un macho que piensa que la mujer está solo para servir al hombre.
Capacidad de comunicación mutua
Hay muchos novios que piensan que porque están muy enamorados y se la pasan muy bien juntos, ya se conocen lo suficiente para casarse. En realidad una vida en común es mucho más que pasar un rato agradable.
Para trazar juntos un proyecto de vida donde ambos tengan la oportunidad de desarrollarse y crecer, se necesita una gran capacidad de diálogo.
Una característica fundamental de la comunicación es compartir el mismo ideal de vida conyugal, ya que si cada cual tiene una meta diferente andará por un camino distinto.
La semilla del fracaso de muchos matrimonios se siembra desde el mismo noviazgo cuando dos se unen sin establecer claramente un ideal de vida en común.
Hay que abrir muy bien los ojos
Antes de tomar una decisión definitiva, la pareja debe abrir muy bien los ojos. Hay que conocerse el uno al otro para descubrir la enorme riqueza que cada uno lleva consigo, aceptar tanto las cualidades como los defectos, y poder ver si realmente los valores del uno son compatibles con los del otro.
Sobre todo, hay que tener la madurez necesaria para aceptar el compromiso y la responsabilidad que lleva consigo el formar una nueva familia.
Por eso este dicho popular tiene tanta razón: Antes de casarse, hay que abrir muy bien los ojos y después entrecerrarlos. Efectivamente después del matrimonio hay que entrecerrar los ojos para perdonar y olvidar y no permitir que la crítica o la censura destructiva lastimen a nuestro cónyuge.

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El Adulterio

pareja-agencia-viajesHay “epidemia” de rupturas matrimoniales porque es necesario trabajar el amor cada día. El amor es una labor artesanal. No existe una crisis del amor, sino de la persona; se han ido produciendo hombres y mujeres cada vez más endebles, más frágiles. Nos falta consistencia. No hay que sacar la lista de agravios del pasado, sino que hay que volver a empezar. Para que una pareja se mantenga enamorada hay que mantener la admiración por la otra persona y haber sido capaz de construir un proyecto de vida en común.

El amor es la vocación fundamental de todo ser humano. Todos deseamos amar y ser amados sin equívocos. El don del cuerpo en la relación sexual es el símbolo de la donación total de la persona. Esto no se consigue con el adulterio pues esa pareja, al no ser verdaderos esposos, actúan con mentira como si lo fueran, falsean así uso de la sexualidad y se hieren a sí mismos en lo más profundo.

El adulterio designa la infidelidad conyugal. Cuando un hombre y una mujer, de los cuales al menos uno está casado, establecen una relación sexual, aunque ocasional, cometen un adulterio. Cristo condena incluso el deseo del adulterio (cf. Mateo 5, 27-28). El adulterio es una injusticia, quien lo comete falta a sus compromisos.

Los antiguos mexicanos castigaban el adulterio con la muerte de ambos cómplices. Se pueden leer las palabras de una madre náhuatl a su hija sobre este tema: Aquí estás, mi hijita, mi collar de piedras finas, mi plumaje de quetzal, mi hechura humana, la nacida de mí (…): Oye bien, hijita mía, niñita mía: no es lugar de bienestar la tierra (…). No entregues en vano tu cuerpo, mi hijita, mi niña, mi tortolita, mi muchachita. No te entregues a cualquiera, porque si nada más así dejas de ser virgen, si te haces mujer, te pierdes, porque ya nunca irás bajo el amparo de alguien que de verdad te quiera (…) que no te conozcan dos hombres (…) Pero si estás bajo el poder de alguien (…) no quieras que tu corazón quiera irse en vano por otro lado. No te atrevas con tu marido. No pases por encima de él, o como se dice, no seas adúltera (…) Ya no serás ejemplo (…) y aunque no te vea nadie, aunque no te vea tu marido, mira, te ve el Dueño del cerca y del junto[1].

Fray Bernardino de Sahagún, gran observador de la vida de los antiguos mexicanos del siglo XVI, escribe lo siguiente sobre el Calmecac, la escuela superior: “Ninguno era soberbio, ni hacía ofensa a otro, ni era inobediente a orden y costumbres que ellos usaban, y si alguna vez parecía un borracho o amancebado, o hacía otro delito criminal, luego le mataban o le daban garrote, o le asaban vivo o le aseteaban; y quien hacía culpa venial, luego le punzaban las orejas y lados con puntas de maguey o punzón” (Historia General de las cosas de la Nueva España, libro 3 Apéndice, cap. 8, n. 10).

La persona que defiende el adulterio dice: “El amor no es amor si no es libre”. Aparentemente, esa persona pone al amor por encima de todo, pero no lo pone. Sitúa la libertad individual por encima del amor. Su posición equivale a decir: “Te doy todo menos mi libertad, que es lo que más aprecio. La aprecio por encima de ti”. No comprometerse ¿es amor?…

Quien ama, pone la libertad individual al servicio del amor. Los que aceptan el amor libre o el adulterio, son personas inseguras. Generalmente son así porque han visto infidelidades en sus padres o han tenido una experiencia negativa del amor. La persona que defiende esta postura dice: “Como hay fracasos en el amor conyugal, no me caso”. En vez de decir: “Me hago adulto para contraer, como adulto, el compromiso de entrega del amor, sin el cual el amor no es amor”.

Si alquilas una casa, ¿comprometes todo tu dinero en mejorarla? no, ¿por qué? porque es provisional. Así, no puede haber totalidad en el experimento. La persona que sostiene el amor libre dice: “Voy a experimentar contigo, si me conviene, sigo…”. El amor libre toma a los seres humanos como objeto de prueba, pero el ser humano se destruye para siempre en esa prueba, en el aspecto biológico, psicológico y moral.

El amor libre equivale al matrimonio a prueba para conocerse bien; pero esa observación es artificial, impide la espontaneidad, porque se pretenderá cuidar la imagen. La experiencia ha demostrado que el matrimonio a prueba no garantiza un pleno conocimiento de la persona, ya que el ser humano siempre está en proceso de evolución; es inconstante por naturaleza; no obstante, puede superar esa deficiencia con virtudes y con la fuerte atracción hacia el bien que anida en su corazón.

La unión corporal y sexual es algo grande y hermoso. Pero solamente es digna del hombre si ella es integrada en una vinculación personal, reconocida por la sociedad civil y eclesiástica. Toda unión carnal entre hombre y mujer tiene, por tanto, su legítimo lugar sólo dentro del recinto de fidelidad personal, exclusiva y definitiva, en el matrimonio. (…). No se puede vivir solamente de prueba; no se puede morir solamente de prueba. No se puede amar sólo de prueba, aceptar a una persona sólo de prueba y por un tiempo determinado (Juan Pablo II, Homilía en Alemania, 15 de noviembre 1989, n. 5).

La raíz del pecado está en el corazón del hombre, en su libre voluntad, según la enseñanza del Señor: “De dentro del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Esto es lo que hace impuro al hombre” (Mateo 15, 19-20). No tenemos ni idea el daño que pueden sufrir los hijos cuando uno de sus padres es adúltero. Ana Catalina Emmerick habla de “la atracción diabólica de los adúlteros de unos a otros, de la maldición de los que faltan a la santidad del matrimonio, de las consecuencias que recaen sobre los hijos, siendo los padres los mayores culpables” (libro 8, p. 359).

En el que peca de adulterio o de superstición no hay felicidad, habrá a lo sumo, placer, y si se pregunta con valentía ¿soy feliz siendo adúltero(a)? si es sincero dirá que no. En el corazón reside también la caridad, principio de las buenas obras, a la que hiere el pecado. Hay en el corazón del ser humano una gran tendencia hacia el bien, pero también hacia el mal. De nosotros depende cual prevalezca porque somos libres. Todos podemos caer en el adulterio –o en otro vicio- cuando olvidamos que después de esta vida viene la eternidad feliz o infeliz. No vale la pena jugarse la vida eterna por un plato de lentejas.

Una vida, un matrimonio o una sociedad que se construye prescindiendo de Dios, antes o después terminan por romperse. Pero lo que el orgullo humano rompe, lo recompone la acción del Espíritu Santo.

[1]  Citado en José Luis Guerrero, Los dos mundos de un indio santo, Cimiento, México 1991, p. 158.

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celosSon muy variadas las consecuencias que pueden derivarse de los celos en las parejas, algunas de las cuales son psicopatológicas y otras no. Entre estas últimas se encuentran la indignación y la ofensa; entre las primeras la cólera y el daño, la alienación y la pérdida.

Kierkegaard describe entre las principales consecuencias de los celos las tres siguientes: el duelo, la indignación y el miedo, según que su intensidad sea mayor o menor. El miedo se dirige aquí a objetivos muy concretos siendo, en consecuencia, no un miedo vago y abstracto, sino más bien un miedo sintomático: miedo a perder el afecto, a ser desposeído del prestigio y la consideración que hasta entonces se tenían, a perder el control social que se había alcanzado, etc.

Freud, por su parte, menciona el dolor, el odio y la pérdida de la autoestima, entre las consecuencias de los celos. Algunos autores han subrayado otras manifestaciones de tipo agresivo como la irritabilidad y la hostilidad, que suelen presentarse con una intensidad inusitada y desproporcionada en aquellos cónyuges, en los que la pérdida del autocontrol resulta demasiado fácil.

Las anteriores manifestaciones pudieran estar potencialmente relacionadas con otros trastornos psicopatológicos mayores (como trastornos de la personalidad, obsesiones, crisis epilépticas, ideas delirantes, etc.), por lo que constituyen un signo de alerta que reclama una exploración psicopatológica del cónyuge celoso, más atenta y cuidadosa.

La frialdad, el distanciamiento y la susceptibilidad son malos compañeros del comportamiento celoso porque, como aves de mal agüero, presagian una evolución más patológica y complicada acerca del futuro de la pareja.

En cambio, la aparición en el cónyuge de actitudes propias de quienes se hacen las víctimas -algunos se muestran como si fueran expertos lectores de los tratados de victimología- nos desvela la probabilidad de estar ante una personalidad histriónica, necesitada, manipuladora y dependiente de afecto.

El comportamiento ansioso suele ser una de las consecuencias más frecuentes del comportamiento celoso. La dependencia afectiva, al mismo tiempo que la hostilidad, constituyen un excelente caldo de cultivo donde la ansiedad puede crecer sin ninguna limitación. Esta ansiedad puede luego transformarse y sufrir todo tipo de metamorfosis, en función de cual sea la naturaleza psicobiológica del cónyuge, su contexto social y familiar, etc.

Como consecuencia de los celos pueden aparecer también variados trastornos psicosomáticos como la taquicardia u otros, que son consecuencia de la descarga de adrenalina que es la reacción de hostilidad, arcaica y automatizada, con que el organismo responde ante la amenaza de los celos. Esta reacción puede atemperarse e incluso extinguirse, en la medida que esas experiencias de los celos son asumidas, despreciadas o resueltas.

En otras personas, ese modo de reaccionar se organiza y cronifica dando lugar a un patrón de comportamiento agresivo que -consciente o inconscientemente, controlado o no- puede llegar a caracterizar el talante de uno de los cónyuges. A veces la hostilidad se hace manifiesta y estalla en ataques de agresividad dirigidos contra la persona de quien se siente celos. Cuando estos ataques se enmascaran aparecen los “accidentes”, que imprevisiblemente puede acontecerle al cónyuge envidiado.

Los sentimientos de culpa patológica es otra de las consecuencias que se derivan del comportamiento celoso. Las autoacusaciones pueden tener un cierto fundamento y seguir al comportamiento hostil del cónyuge celoso. Pero si no se resuelven pronto, pueden llegar a generar sentimientos de inferioridad o confundir al esposo, quien enseguida resultará incapacitado para saber de qué es realmente culpable y de qué no.

Las autoacusaciones pueden terminar en un comportamiento autoagresivo muy violento, dirigiendo el cónyuge la hostilidad que tenía contra sí mismo mediante acciones autodestructivas (intentos suicidas). En otros casos, las autoacusaciones constituyen el primer núcleo sobre el que se asentarán los pensamientos obsesivos, las fobias y los actos rituales y compulsivos, es decir, todos esos elementos que enmarcan a la patología anancástica, cuyo pronóstico es tan incierto.

Aquilino Polaino-Lorente. Hacer familia

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