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Leer cambia la vida

Leer y escribir es un ejercicio que ayuda a abrir la mente, Leer nos cambia la vida; nos hace soñar, cuestionar y vivir. No tenemos el hábito de la lectura, se nos olvida que los libros, la cultura y el conocimiento son necesarios para pensar, para ser ciudadanos antes que otra cosa y para actuar en pro de una mejor convivencia y el bien común.

Si no ofrecemos calidad en la educación no avanzará nada, ni la ciudadanía, ni la democracia, ni la economía, ni la unión de las clases sociales. No concibo la educación de calidad sin la lectura. La lectura es detonadora de cambios sociales y herramienta indispensable en la formación del capital humano. La acción de leer lleva a incrementar la cantidad de conocimientos de cualquier persona, aunque no haya pasado por las aulas. La lectura es una fuente de sabiduría que nos da palabras para entender mejor los sueños y la realidad.

Por ello insistimos una y otra vez en apagar la TV y tomar un libro, de preferencia sobre humanidades para entender mejor lo que pasa en la sociedad y para rebelarnos contra ella hasta hacerla más humana. Es bien sabido que la gran mayoría de mexicanos no lee. Y que los que leen tienen mayor posibilidad de ser los mejores ejecutivos y los mejores líderes sociales, por la sencilla razón de que tienen la capacidad de confrontar las ideas y las técnicas y experiencias de otros con su realidad. El que no lee casi nada entiende. Su mundo se reduce al trajineo diario, al excesivo gasto de energía para llevar la comida al hogar para después descansar frente a la caja idiota.

Vivimos aun en la cultura del empirismo, esa doctrina que admite que la fuente del conocimiento es la experiencia personal. Somos ciudadanos de apenas cien palabras, sin faltar los aumentativos y los diminutivos. Para los jóvenes de las universidades privadas todo está padrísimo y para los pobrecitos de las normales rurales todo está jodidísimo.

Si son pocos los que leen por placer –diferente a leer por obligación, como en las escuelas- son garbanzos de a libra los que tienen el tiempo y la costumbre de sentarse a escribir y organizar sus ideas. Son una minoría frente a los que pasan horas y horas frente a la TV-basura como espectadores pasivos. Si esas horas de placer frente a la TV y a los videojuegos las dedicaran a leer por placer y por interés -y por prepararse- otro gallo nos cantara como pueblo.

Si algo identifica y une a los jóvenes de hoy es la música y la pereza mental. Lucen atrofiados. Parecen aceptar la realidad que los rodea, especialmente los de las clases sociales altas, donde el dinero no es el problema, sino el sentido de la vida, y los de las clases donde por no haber suficiente dinero debiera reinar la inconformidad. La tibieza perece dominar en ambos extremos. Lucen anestesiados, aburridos, sin esperanza. ¿Cuántos quieren modificar su realidad? ¿Cuántos están preparados para hacerlo y ascender a una vida lograda? ¿Cuántos sabemos diferenciar una opinión de un chisme o rumor, ya no digamos de un hecho?

Antes los rebeldes intentaban cambiar la realidad con las armas, o por la fuerza. Ahora solo quedan como armas las palabras y las ideas, y ambas se adquieren leyendo. Ya no hay revoluciones ni tomas de palacio.

El que lee cuestiona todo el montaje. La mayoría de la gente que desprecia la lectura se asombraría de saber hasta qué punto el dominio de la palabra otorga un poder que no cabría atribuir a una herramienta tan humilde. De hecho, hoy, más que nunca, estamos gobernados por palabras. Desaparecidas, o en estado de gravedad extrema, las ideologías, los políticos nos gobiernan a base de su lenguaje y sus códigos. Por lo general, no ganan las elecciones los programas, sino las jergas”. Cabe decir que jerga es el lenguaje especial que usan los individuos de ciertas profesiones y oficios liberales, como los políticos, los periodistas, los abogados.

En política toda palabra, pensada o no, –como decir chachalaca, por ejemplo- es importante, tanto lo que quiere decir como la forma e intención con que se diga. En boca cerrada no entran moscas, pero son pocos los políticos que entienden la jerga.

Leer es la forma de rebelión más eficaz en los tiempos que corren. Mantener a la gente en la ignorancia es un mal negocio para la sociedad pero buen negocio para los hombres del poder. Por ello el auge alcohol y la droga. Es explicable que el juego de azar y el deporte estén más presentes que nunca en la sociedad actual.

Tenemos una sociedad anegada por la industria del entretenimiento. Vivimos una cultura de masas, con una educación más pragmática que reflexiva, donde lo light es lo que rifa, donde priman las emociones, las sensaciones y las pasiones. Sus productos, por tanto, nacen desde esta lógica descafeinada. Asistimos a una infantilización de la sociedad, a una auténtica regresión donde todos los órdenes de la vida se viven desde una posición infantil: desde el trabajo  se confunde con el ocio en algunas oficinas. Mediante la lectura podríamos cambiar muchas vidas y muchos modelos de vida. Es mucho más fácil comprender el mundo, a los otros y a nosotros mismos después de haber leído El Quijote, o a Shakespeare.

Francis Bacon afirmaba que “la lectura produce personas completas; la conversación, personas dispuestas, y la escritura, personas precisas”.

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David y Goliat

A veces Dios permite un Goliat en tu vida para que despierte al David que hay en ti.

Vida de Luisa Picaretta (italiana laica) Es Sierva de Dios. Habla del tercer fiat  (“hágase”, lo que dijo la Virgen al Ángel). 23 min, la pequeña hija de la Divina voluntad. Estuvo 70 años en cama.

https://youtu.be/TyZNs5JohXk

Vaticano. “Ningún premio para Lilianne Ploumen”

Salvatore Cernuzio (Vatican Insider)

La viceportavoz del Vaticano Paloma García Ovejero, aclara que la medalla de San Gregorio Magno dada a la política holandesa Lilianne Ploumen forma parte de una “práxis diplomática de intercambio honorífico entre delegaciones” en ocasión de la visita oficial del Jefe de Estado y para nada “ni mínimamente un placeat” a su política proaborto.

La distinción de la Orden Pontificia de San Gregorio Magno recibida por la señora Lilianne Ploumen, Ministra de Desarrollo, en junio del 2017, durante la visita de la Realeza holandesa al Santo Padre (22 de junio) responde a la práctica diplomática del intercambio de condecoraciones entre Delegaciones con ocasión de la visita oficial del Jefe de Estado al Vaticano. Por lo tanto, no es un “premio” a la señora Lilianne Ploumen por la postura proabortista y en favor del control de la natalidad que ella promueve.

La misma Lilianne Ploumen, el pasado 22 de diciembre, en un canal de YouTube de la radio holandesa, habla de un “premio” recibido del Vaticano y, en específico, del Papa. Se trata de la medalla de caballeros de la Orden Pontificia de San Gregorio Magno, condecoración de orden caballeresco que se da a una persona por su servicio a la Santa Sede y a la Iglesia.

La noticia se propagó en el ámbito inglés y americano, y en seguida llegó a Italia. Es evidente que ha sido un gran equívoco provocado por algunos medios de comunicación social que dan por hecho que es una medalla al mérito de esta persona.

Tradicionalmente, la semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra del 18 al 25 de enero. En ella, de forma solemne y conjunta, nos reunimos en el nombre de Jesucristo para pedir que las divisiones sean superadas y la unidad se convierta en una realidad plena y visible. Es decir, durante el octavario, los cristianos católicos, ortodoxos y protestantes de todas las denominaciones están invitados a rezar juntos por su unidad.

Son unos días de súplica a la Santísima Trinidad pidiendo el pleno cumplimiento de las palabras del Señor en la Última Cena: “Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros” (Juan 17,11). La oración de Cristo alcanza también a quienes nunca se han contado entre sus seguidores. Dice Jesús: Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño con un solo pastor (Juan 10, 16).

El Papa Francisco dijo en 2015: “No habrá unidad sin conversión (pedir perdón y perdonar), sin oración y sin santidad de vida”. El Papa alienta a “trabajar infatigablemente por la paz y la reconciliación entre todas las iglesias y las comunidades cristianas”.

En un largo escrito Benedicto XVI concluye que la unidad es obra del Espíritu Santo.

¿Con qué Papa se inició el Octavario? La práctica de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos fue introducida en 1908 por el padre Paul Wattson, fundador de una comunidad religiosa anglicana que luego entró en la Iglesia católica. Añadimos que fue cofundador de la Sociedad de la Expiación (Society of the Atonement), de Graymoor (Nueva York, Estados Unidos). La iniciativa recibió la bendición del papa san Pío X y fue luego promovida por el papa Benedicto XV, que animó su celebración en toda la Iglesia católica con el breve Romanorum Pontificum, del 25 de febrero de 1916. Este Papa dijo: “La Iglesia no es latina, ni griega, ni eslava, sino católica: no hay diferencia entre sus hijos”.

Benedicto XVI ha pedido a cada cristiano que se responsabilice por la unidad de los cristianos. Esa unidad empieza por la unidad en mi casa y con mis hermanos. Por nosotros mismos no somos capaces sino de sembrar la discordia y la desunión. Dios nos sostiene para que sepamos ser instrumentos de unidad, personas que saben disculpar y reaccionar sobrenaturalmente.

Nuestro Señor funda su Iglesia sobre la debilidad –pero también sobre la fidelidad- de unos hombres, los Apóstoles, a los que promete la asistencia constante del Espíritu Santo.

En 2008 el Papa Benedicto XVI dijo que la misión de la Iglesia en estos momentos pasa por el avance en el camino ecuménico. El pontífice exhortó: «¡No tenemos que cansarnos nunca de rezar por la unidad de los cristianos!»… «Cuando Jesús, durante la Última Cena, rezó para que todos “sean uno”, tenía un fin preciso: “para que el mundo crea”», explicó recordando el pasaje evangélico de Juan 17, 21.

«La misión evangelizadora de la Iglesia pasa por tanto por el camino ecuménico, el camino de la unidad de fe, del testimonio evangélico y de la auténtica fraternidad», aseguró el obispo de Roma. ».

Benedicto XVI, en la audiencia del 18 de enero de 2012 dijo: El mismo Señor Jesús oró durante la Última Cena, antes de su pasión: “Te pido que todos sean uno. Padre, lo mismo que tú estás en mí y yo en ti, que también ellos estén unidos a nosotros, de este modo, el mundo podrá creer que tú me has enviado”. En otro momento Benedicto XVI dijo que la unión de los cristianos era obra del Espíritu del Santo, y no se sabe cuándo nos dará ese don.

En el Octavario por la Unión de los Cristianos pedimos por nuestros hermanos separados; hemos de buscar lo que nos une, pero no podemos ceder en cuestiones de fe y moral. Junto a la unidad inquebrantable en lo esencial, la Iglesia promueve la legítima variedad en todo lo que Dios ha dejado a la libre iniciativa de los hombres. Por eso, fomentar la unidad supone al mismo tiempo respetar la multiplicidad, que es también demostración de la riqueza de la Iglesia.

 

En estos días pedimos al Señor que acelere los tiempos de la ansiada unión de todos los cristianos. ¿La unión de los cristianos?, se preguntaba San Josemaría Escrivá. Y respondía: sí. Más aún: la unión de todos los que creen en Dios. Pero sólo existe una Iglesia verdadera. No hay que reconstruirla con trozos dispersos por todo el mundo (Homilía, Lealtad a la Iglesia).

Desde hace siglos la Iglesia está extendida por los cinco continentes; pero la catolicidad de la Iglesia no depende de la extensión geográfica, aunque esto sea un signo visible. La Iglesia era Católica ya en Pentecostés; nace Católica del Corazón llagado de Jesús. Ahora, como entonces, extender la Iglesia a nuevos ambientes y a nuevas personas requiere fidelidad a la fe, y obediencia rendida al Magisterio de la Iglesia.

El Octavario concluye conmemorando la conversión de San Pablo. El martirio de San Esteban, dice San Agustín, fue la semilla que logró la conversión del Apóstol. Dice textualmente: “Si Esteban no hubiera orado a Dios la Iglesia no tendría a Pablo” (cfr. S. Agustín, Serm, 315,7).

Para uno de los días del Octavario se nos recomienda esta Oración: Dios, que proteges a la viuda, al huérfano y al extranjero en un mundo donde muchos conocen la desesperación, tú has resucitado a tu Hijo Jesús para llevar esperanza a la humanidad y renovación a tierra. Sigue consolidando y unificando tu Iglesia en sus luchas contra las fuerzas de la muerte en un mundo donde la violencia hacia la creación y hacia la humanidad obscurecen la esperanza en la nueva vida que tú ofreces. Te lo pedimos en nombre de Cristo resucitado, en la fuerza de su Espíritu. Amén.

 

Hace muchos años, en la Escuela Libre de Derecho, cada vez que en el aula de clases se tocaba el tema del aborto, una alumna brincaba para defender el “derecho” a abortar. El profesor le daba argumentaciones a favor de la vida pero ella no cedió durante el año académico.

Pasaron unos años y, casualmente, se encontró la alumna de nuevo con su profesor, y le comentó:

– ¡A Usted le debo la felicidad de mi vida!

El maestro estaba perplejo, y preguntó: – ¿Por qué?

– Porque siendo soltera quedé embarazada. Sus argumentos pesaron más que los míos en mi conciencia y decidí tener al bebé, y ahora es mi mayor alegría.

 

Una nueva vida siempre es una buena noticia. Si no llega en el momento adecuado para la madre, siempre está la puerta de la reflexión, de la paciencia y de la posible adopción. Pero no la puerta falsa del aborto.

El debate del aborto propalado en los medios de comunicación muchas veces deja de lado un aspecto crucial: la forma cómo el aborto daña a la mujer y el detalle de estos daños. Una sólida defensa del derecho a la vida y a la información hace imprescindible que se informe adecuadamente sobre los nocivos efectos producidos en las mentes de las madres que tiraron sus niños a una cesta de basura. Las consecuencias van desde la infertilidad hasta el cáncer de seno, pero ¿qué tenemos acerca de las consecuencias psicológicas científicamente documentadas?

Debido a las modernas técnicas de asepsia, a los potentes antibióticos disponibles, y a tecnología más avanzada, es muy difícil ver por qué una mujer corre riesgos en un aborto. Los partidarios de la despenalización del aborto citan los posibles daños psicológicos que sufren las mujeres que dan a luz un niño no deseado, pero la evidencia científica continua acumulando evidencia científica que prueba lo contrario: El aborto es más nocivo psicológicamente que llevar el embarazo a término y dejar que el niño nazca. Esto sucede porque los argumentos a favor de la despenalización del aborto están construidos sobre bases ideológicas, no sobre la realidad. Lo que nos dice el sentido común – que una madre sufre espiritualmente al terminar con la vida que crece dentro de ella- ha sido confirmado por la evidencia empírica de un estudio seria y objetivamente ejecutado como el presente.

De modo que ¿para quién puede ser bueno el aborto? Ronald Reagan dijo en 1980, “Dense cuenta que todos los que están a favor del aborto es porque ya han nacido”. Sin embargo, además del evidente atentado contra la vida del niño por nacer, la mujer también se constituye en víctima del aborto.

La mujer también es víctima en un aborto

En este estudio, que podría ser el más grande de su tipo, Fergusson y los científicos de su equipo de investigación examinaron las consecuencias psicológicas del aborto en mujeres neocelandesas de 15 a 25 años de edad. Esto es lo que concluyeron en dicho estudio: “41% de las mujeres han quedado embarazadas por lo menos una vez antes de los 25 años, y 14.6% tuvieron un aborto. Aquéllas que tuvieron un aborto elevaron sus tasas de problemas de salud mental subsecuentes incluyendo depresión, ansiedad, comportamientos suicidas y desórdenes relacionados al uso de sustancias adictivas. Esta asociación persistió después del ajuste hecho con otros factores concomitantes”. En este estudio de investigación, que es quizás la mejor y la más grande que se ha hecho en esta materia, se ha determinado que el aborto desencadena problemas mentales en las mujeres, especialmente si se trata de jovencitas adolescentes (Steven W. Mosher).

El aborto destruye la salud psicológica de las adolescentes. Un reciente estudio hecho sobre una amplia muestra poblacional acaba de presentar estadísticas dramáticas al confirmar que las mujeres que habían tenido un aborto intencionado tenían una alarmante probabilidad de 78.6% de tener depresión.

En 2007 la Suprema Corte hizo una investigación en todos sus Tribunales para conocer el número de casos de aborto tramitados en los últimos 15 años, resultando solo 195 casos en todo el país, según lo hizo saber la prensa nacional. ¿Qué hacemos que no damos marcha atrás? Estamos desquiciando a muchas mujeres al permitir el aborto sin informarles lo que pasa realmente.

En vez de educar en la abstinencia, se educa en la promiscuidad, facilitándoles a los jóvenes condones y medios anticonceptivos.

Hace más de cuatro años fui a cuidar a mi madre que tenía 94 años. Una doctora muy linda me dijo: “Pero tú no sabes cuidar enfermos”. Yo le dije: “Mi mamá no necesita que la cuiden, necesita compañía”. Yo llegaba de trabajar y mi madre me decía: “¿Cómo te fue?” o “te cociné este platillo o este detalle que te gusta”, o ella me contaba lo que había leído o algo que tenía en mente. Había calor de familia porque lo creaba ella porque se interesa por las cosas de los otros, y ayudaba a sanos y enfermos. Y eso se transmite y se agradece.

Hay quien no lo puede apreciar suficientemente por egoísmo o por motivos desconocidos, pero en general, todos quieren una familia porque allí se les acepta incondicionalmente. Se les ama, se comparten penas y alegrías, se les orienta, se les escucha, etc. Duele que haya chicos que tienen una crisis o una preocupación y no la cuenten a su padre o madre porque no están cerca, como aquella que estaba embarazada y durante unos días vivió su crisis aislada.

En Europa, algunos hijos no se han preocupado por sus padres porque antes los padres no se preocuparon por ellos. Cuando se ama, sale espontáneo cuidar de los padres o de los abuelitos, porque mucho se ha recibido de ellos. La pobreza más dura en Suecia es la que experimentan los ancianos solos. Muchos no tienen quien los cuide ni con quien conversar.

Cuando todos se interesan por hacer hogar, todos ponen algo de su parte. Por ejemplo: La que pone la mesa se esmera en doblar las servilletas de tela de modo diferente al menos cada mes, para dar un toque nuevo, cosa que no cuesta nada. Hasta en internet lo enseñan.

La familia es un proyecto divino. Y para que esta colaboración en la transmisión de la vida no quedara al vaivén de posibles caprichos, el Señor quiso protegerla mediante la institución natural del matrimonio, elevado luego a sacramento. Pero hoy día. la familia es agredida. Para hacer familia hay que estar en la casa, hay que estar presentes, y acoger a la gente. Si no convivimos con la gente de la casa, nos pasarán desapercibidos algunos detalles que pueden ser significativos para ayudar a la persona, y esto dará lugar al desorden y al desconcierto.

Para que un matrimonio funcione –dice Tomás Melendo-, ha de cultivarse día tras día, como el jardinero cultiva su jardín; el que se casa debe cuidar su amor, que es una realidad viva. Lo propio de lo vivo es que puede permanecer o morir. Si un matrimonio no se quiere más cada día, está en peligro. No se puede “conservar” el amor, ha de crecer. El enemigo más insidioso del matrimonio es la rutina; es perder el deseo de la creatividad original. No hay que perder nunca el deseo de dar algo nuevo o de sorprender al ser amado, en el sentido más positivo.

La orientación de Juan Pablo II es diáfana: «El hombre, por encima de toda actividad intelectual o social por alta que sea, encuentra su desarrollo pleno, su realización integral, su riqueza insustituible en la familia. Aquí, realmente, más que en cualquier otro campo de su vida, se juega el destino del hombre».

Los padres pueden fácilmente caer en la cuenta de que equivocan el rumbo cuando —aun con la mejor de las voluntades— descuidan la atención directa e inmediata a los demás miembros de su familia, para dedicarse a otros menesteres, profesionales o sociales. Los padres deben ver con claridad que la familia resulta imprescindible para el íntegro desarrollo de sus hijos, porque en primer término lo es también para él o ella como cónyuge y como padre o madre.

Hoy día hay muchas tentaciones, muchas solicitudes del maligno. No podemos afrontarlas con nuestras solas fuerzas ¿ por qué? Porque no las tenemos. Allí se requiere fe y oración para salvaguardar la integridad moral. Santo Tomás de Aquino decía: “Señor, dame un corazón jamás seducido, jamás esclavizado de lo que no sea tu amor”.

Benedicto XVI dice: La fe (…) hace bondadosa a la gente. Hemos de constatar que la sociedad, con la evaporación de la fe, se ha vuelto más dura, más violenta, más mordaz. El ambiente se ha tornado más irritable y maligno (Cfr. Dios y el mundo, p. 47). Hemos de lograr un nivel de caridad cristiana. Hemos de trabajar mucho en las bienaventuranzas, vertiente de la misericordia.

El Cardenal Ratzinger narra que Martin Buber describió un atributo del amor divino: el sacar. Dios nos saca de confusiones, de la apatía, de la soledad, del aislamiento. Dios llama a Abraham, lo saca de su tierra y de su familia. Toda persona tiene que hacer su éxodo. Todos tenemos que lograr la independencia; no podemos ser sobreprotectores.

Debemos ser independientes, con una independencia sana, y, al mismo tiempo, tener capacidad de relacionarnos. No cumplo mi misión de amante hasta que no hago lo que debo hacer, hasta que doy todo lo que puedo dar. Todos somos parte de la Gran Familia de Dios. ¿Cómo lograr este enriquecimiento en la vida en familia? Aprendiendo a hablar y a escuchar. Es necesario que los padres encuentren tiempo para estar con sus hijos y hablar con ellos. Los hijos son lo más importante. Hay que encontrar tiempo para escucharles y establecer una relación amigable con ellos. Para que exista comunicación hay que saber escuchar, es la primera condición y tal vez la más difícil porque estamos muy llenos de nosotros mismos.